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imperativo abarca igualmente el derecho de acceso a la justicia lato sensu, o sea, el derecho a
la prestación jurisdiccional plena. En las palabras de la Corte,
"(...) El acceso a la justicia constituye una norma imperativa de Derecho Internacional y,
como tal, genera obligaciones erga omnes para los Estados de adoptar las medidas que sean
necesarias para no dejar en la impunidad esas violaciones, ya sea ejerciendo su jurisdicción para
aplicar su derecho interno y el Derecho Internacional para juzgar a los responsables, o colaborando
con otros Estados que lo hagan o procuren hacerlo" (párr. 131).
5.
Precisamente en este sentido había yo argumentado en mi extenso Voto Razonado
(párrs. 63-65)4 en el caso de la Masacre de Pueblo Bello versus Colombia (Sentencia del
31.01.2006), en el cual también abordé otros aspectos, a saber: a) los artículos 25 y 8 de la
Convención Americana en los planos ontológico y hermenéutico (párrs. 14-15); b) génesis del
derecho a un recurso interno efectivo en el corpus juris del Derecho Internacional de los
Derechos Humanos (párrs. 16-21); c) el derecho a un recurso efectivo en la construcción
jurisprudencial de la Corte Interamericana (párrs. 24-27); d) la indisociabilidad entre el acceso
a la justicia (derecho a un recurso efectivo) y las garantías del debido proceso legal (artículos
25 y 8 de la Convención Americana) (párrs. 28-34); e) la indisociabilidad entre los artículos 25
y 8 de la Convención Americana en la jurisprudence constante de la Corte Interamericana
(párrs. 35-43); f) la indisociabilidad entre los artículos 25 y 8 de la Convención Americana
como un avance jurisprudencial intangible (párrs. 44-52); g) la superación de las vicisitudes
en cuanto al derecho a un recurso efectivo en la construcción jurisprudencial de la Corte
Europea (párrs. 53-59); h) el derecho de acceso a la justicia lato sensu (párrs. 60-61).
6.
En la presente Sentencia en el caso de los Trabajadores Cesados del Congreso
peruano, la Corte ha, una vez más, confirmado su jurisprudence constante en el sentido de
considerar, de forma interrelacionada e indisociable, los artículos 8 y 25 de la Convención
Americana, en combinación con los artículos 1(1) y 2 de la misma5. En el presente caso, la
solución encontrada por la Corte6 para el problema planteado, sin embargo, no me parece
estar a la altura de los conceptos por ella adoptados con propiedad sobre el derecho de acceso
a la justicia (supra).
7.
En cuanto al insatisfactorio párrafo 136 de la presente Sentencia, que se equipara a la
insatisfactoria redacción dada al artículo 26 de la Convención Americana (producto de su
tiempo), me limito (por absoluta falta de tiempo, dada la "metodología" acelerada de trabajo
adoptada últimamente por la Corte, con mi objeción), a tan sólo reiterar mi entendimiento,
expresado en numerosos escritos a lo largo de los años, en el sentido de que todos los
derechos humanos, inclusive los derechos económicos, sociales y culturales, son pronta e
inmediatamente exigibles y justiciables, una vez que la interrelación e indivisibilidad de todos
efectivamente salvaguarde los derechos fundamentales de la persona humana (párrs. 9-55).
.
En dicho Voto Razonado, ponderé que "la indisociabilidad que sostengo entre los artículos 25 y 8 de la
Convención Americana (...) conlleva a caracterizar como siendo del dominio del jus cogens el acceso a la justicia
entendido como la plena realización de la misma, o sea, como siendo del dominio del jus cogens la intangibilidad de
todas las garantías judiciales en el sentido de los artículos 25 y 8 tomados conjuntamente. (...) Las garantías
fundamentales (...) tienen una vocación universal al aplicarse en todas y cualesquiera circunstancias, conforman un
derecho imperativo (perteneciendo al jus cogens), y acarrean obligaciones erga omnes de protección" (párr. 64, y cf.
párrs. 60-62).
4
5
.
Párrafo 119 y punto resolutivo n. 2.
6
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Punto resolutivo n. 4.