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policial, sino “como la gran confrontación entre el Gobierno y Sendero
Luminoso ... porque los comunicados públicos y las declaraciones del
Presidente de la República son netas en definir así las cosas, Sendero
Luminoso versus el Gobierno”. Esto motivó que la debelación se hiciera lo
más rápidamente posible por medio del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas. Las dos terceras partes del Pabellón Azul que estaban en pie fueron
demolidas por cargas de dinamita colocadas en las columnas exteriores, lo
que produjo un número de muertos absolutamente innecesario entre reclusos
que no estaban haciendo resistencia activa. No hubo interés en buscar
heridos ni personas en los túneles, ni se permitió la entrada al penal sino
hasta un año después. Neira Alegría y los hermanos Zenteno no estaban
entre los prisioneros que se rindieron, pero figuraban en la lista que el
Instituto Nacional Penitenciario proporcionó a la comisión. Los sobrevivientes
de los motines se negaron a declarar ante la comisión. El Congreso aprobó el
informe de mayoría de la comisión investigadora. La explosión final que
demolió el penal se produjo cuando no estaba ocurriendo un ataque intenso,
sino cuando éste ya había concluido, y no ocurrió por simpatía de dinamita,
sino por voladura de las columnas que sostenían el edificio. Además de los
28 internos que se rindieron el mismo día de los acontecimientos, un día
después aparecieron uno o dos más, y tres días después aparecieron otros
tantos. La comisión investigadora solicitó información sobre la investigación
que hacía el Consejo Supremo de Justicia Militar, pero la Sala Naval no
proporcionó ninguna, e incluso se negó a suministrar los nombres de los
oficiales que tuvieron a su cargo la operación. La comisión no contó con
evidencia de que los internos del penal tuvieran dinamita, y trató de
informarse sobre el motivo de que se no se usaran medios diversos, como
gases lacrimógenos o enervantes y se le dijo que no hubo tiempo de
aplicarlos por la urgencia de acabar con el motín esa misma noche. No había
ninguna posibilidad de fuga por parte de los amotinados.
i)
Testimonio de José Ráez González (médico cirujano)
A solicitud de la Marina de Guerra se pidió al Instituto de Medicina Legal
designar dos expertos para hacer estudios en restos cadavéricos en El
Frontón, y en esa condición trabajó en la isla desde febrero hasta abril de
1987 y examinó más o menos 90 cadáveres. El objetivo del médico legista es
determinar la causa de la muerte y ayudar a la identificación; los cadáveres
habían pasado toda la etapa de putrefacción primaria, algunos estaban en
momificación y otros habían perdido todas las partes blandas y sólo había
fragmentos de los cuerpos; en muchos casos no se pudo determinar la causa
de la muerte por tratarse sólo de restos óseos, en otros se determinó muerte
causada por fracturas múltiples. En algunos casos se describieron los restos
de ropa, la talla, el sexo, la edad y los restos dentales. No es función del
médico ponerse en contacto con los familiares de las víctimas para tratar de
identificar los cadáveres; la identificación corresponde al Departamento de
Investigaciones. De algunos cadáveres pudo tomar huellas digitales. La
mayoría de las muertes fue por aplastamiento. Una vez concluidos los
peritajes, el declarante entregó los protocolos, resúmenes y comentarios al
Juez Naval y firmó los certificados de defunción. Son muchos los factores que
impiden tomar huellas dactilares a un cadáver. No recuerda haber visto
quemaduras en los cadáveres.