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de vista que, subyacente a las normas legales, encuéntrase todo un sistema de
valores 6, que ningún verdadero jurista puede ignorar.
6.
Recuérdese que, ya en el siglo XVIII, en su obra clásica Dei Diritti e delle
Pene (1764), Cesare Beccaria indagaba: - "Qué derecho pueden atribuirse éstos [los
hombres] para despedazar a sus semejantes? (...) Quién es aquel que ha querido
dejar a los otros hombres el arbitrio de hacerlo morir? (...) No es útil la pena de
muerte por el ejemplo que da a los hombres de atrocidad. (...) Las leyes,
moderadoras de la conducta de los mismos hombres, no debieran aumentar este
fiero documento, tanto más funesto cuanto la muerte legal se da con estudio y
pausada formalidad. Parece un absurdo que las leyes, esto es, la expresión de la
voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, lo cometen ellas mismas, y
para separar a los ciudadanos del intento de asesinar ordenen un público
asesinato" 7.
7.
La materia ha sido objeto de atención en la filosofía del Derecho en los dos
últimos siglos. En el siglo XX, L. Recaséns Siches, por ejemplo, confesaba, en los
años sesenta, su angustia frente a la doctrina retributiva de la justificación de la
pena, o sea, el entendimiento según el cual "el daño inmerecido que un individuo
infiere a otro debe considerarse como perpetrado a sí propio" (el jus talionis); así, el
criterio central en la retribución jurídica (o justicia retributiva) es el restablecimiento
o la restauración del orden perturbado por el delito 8; sin embargo, concedía él que,
aún es esta reacción del orden jurídico violado (expresión de la reprobación social al
crimen), en la reintegración del orden jurídico establecido (que no deja de expresar
un "afán vindicativo"), hay que estar atento para la falibilidad de la justicia humana y
el carácter irreparable del error judicial 9.
8.
En una de sus obras, Recaséns Siches fue más allá, descartando la "idea
objetiva" de la retribución, en los siguientes términos:
- "La medida de la culpa no se puede determinar tomando en cuenta sólo los
perjuicios objetivos; antes bien, debe estar condicionada también por la
medida del conocimiento y de la mala voluntad. El hecho de la consideración
6
. También las penas reflejan la escala de valores prevaleciente en determinado medio social; R. von
Ihering, El Fin en el Derecho, Buenos Aires, Omeba Ed., 1960, p. 236.
7
. C. Beccaria, De los Delitos y de las Penas, Madrid, Alianza Ed., 2000 (reed.), capítulo 28, pp. 81 y
86-87. En su comentario, de 1766, sobre la referida obra de Beccaria, Voltaire subrayó el suplicio "mucho más terrible que el de la muerte" - de la incertidumbre y la espera, y ponderó que "los suplicios
refinados que el entendimiento humano ha inventado para hacer la muerte horrible, parecen haber sido
inventados más bien por la tiranía que por la justicia"; cit. in ibid., pp. 129 y 149. - En otro ensayo, El
Precio de la Justicia (1777), Voltaire volvió a referirse al "suplicio" que es la prisión, y añadió que no se
debe punir el homicidio con otro homicidio, pues "la muerte nada repara"; Voltaire, O Preço da Justiça,
São Paulo, Martins Fontes, 2001, pp. 17-19 y 101; para él, la raison d'État no pasaba de una "expresión
inventada para servir de disculpa a los tiranos"; ibid., p. 80.
8
. L. Recaséns Siches, "La Pena de Muerte, Grave Problema con Múltiples Facetas", in A Pena de Morte
(Coloquio Internacional de Coimbra de 1967), vol. II, Coimbra, Universidad de Coimbra, 1967, pp. 12 e
14-16.
9
. Ibid., pp. 17 e 19-20.
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