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En la época de los hechos el testigo trabajaba en el transporte intermunicipal de pasajeros
cubriendo las rutas San Gil-Bucaramanga, Bucaramanga-Aguachica, BucaramangaBarrancabermeja y Barrancabermeja-Bucaramanga.
Según el testigo, la zona
aparentemente estaba manejada y dirigida por fuerzas “paramilitares” y el Ejército y “era
una época de guerrilla”.
Al hijo del testigo, Reinaldo Corzo, “lo retuvieron y lo desaparecieron”. El testigo considera
que la desaparición de su hijo y los demás comerciantes es responsabilidad de las Fuerzas
Armadas y de los “paramilitares”, en virtud de que esa región era manejada por ellos.
Según el testigo, la “fuerza paramilitar” se encargó de desalojar de muchos lugares a las
“fuerzas guerrilleras”, y pasó a ocupar el lugar que ocupaba la guerrilla, con la finalidad de
imponer sus propias condiciones, extorsionar y retener a los ciudadanos.
A través de los medios de comunicación el testigo se enteró de la existencia de una
agrupación llamada ACDEGAM, la cual después cambió su nombre a “Macetos” o personas
que daban muerte a secuestradores, así como también se enteró de los “sucesos” que se
presentaban en la región del Magdalena Medio cometidos por esas “agrupaciones armadas”.
Por ejemplo, el testigo recuerda la masacre que se cometió en contra de los funcionarios
que se trasladaron desde San Gil a la referida región para investigar la desaparición de los
19 comerciantes.
En algunas oportunidades la presunta víctima expresó al testigo que cuando iba a comprar
las mercancías en ocasiones tenía que pagar algunas “aportaciones” en retenes que
encontraban en el camino, “no se sabe si eran [retenes] del ejército o [de] los
paramilitares”, así como también le dijo que sentía temor de pasar por estos retenes.
El testigo no ha encontrado los restos de su hijo y espera que se haga justicia.
d.
Declaración testimonial de Alejandro Flórez Pérez, hijo de la presunta
víctima Antonio Flórez Contreras
El testigo tenía cinco años al momento de la desaparición de su padre Antonio Flórez
Contreras. En esa época el testigo vivía en Ocaña con sus padres y sus hermanos. La
madre del testigo estaba embarazada cuando Antonio desapareció.
El testigo recuerda que su padre era muy cariñoso con él y con sus hermanos, muy
complaciente, siempre que viajaba les llevaba regalos o dulces, y los sábados y domingos
“se tiraba a la cama a jugar” con ellos.
La primera vez que el testigo escuchó lo que había pasado a su padre fue cuando su madre
estaba leyendo un informe de la Fiscalía junto con otro familiar de las presuntas víctimas y
el testigo estaba detrás de una puerta escuchando. Su madre leía el informe y a ratos
lloraba. En el informe se detallaba la declaración de “Vladimir”, supuesto jefe “paramilitar”,
en la que se describía lo que había hecho a los comerciantes. El testigo recuerda que su
madre lloró mucho cuando leyó la narración de la muerte de su padre, ya que antes de
morir éste pedía que no lo mataran porque tenía cinco hijos. El testigo siempre recuerda
esa parte.
Al principio, la madre del testigo llevaba a sus hijos todos los sábados a la casa de su abuela
a esperar a Antonio Flórez porque les decían que iba a regresar.