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necesidades del propio inconsciente y alimenta la esperanza en el prolongamiento o
permanencia del ser16 (aunque sólo en la memoria viva y en los lazos afectivos de los
sobrevivientes). El ocultamiento e irrespeto de los restos mortales del ente querido
afectan, pues, a sus familiares inmediatos en lo más íntimo de su ser.
21.
El legado espiritual de los muertos, a su vez, configúrase, en mi entender,
como la expresión de la solidaridad de los que ya fallecieron con los que todavía
viven, para ayudar a estos últimos a enfrentar las injusticias de este mundo, y a
convivir con sus interrogantes y misterios (como los del pasar del tiempo y del
destino de cada uno). Pero la expresión de solidaridad me parece operar también en
sentido inverso, recíproco, de los vivos hacia sus muertos, en razón de los
padecimientos que tuvieron estos últimos que sufrir antes de su travesía hacia la
eternidad17.
22.
El género humano, o sea, la unidad del género humano, debe, pues, en mi
entender, ser mejor apreciada en su dimensión esencialmente temporal (y no
estática), abarcando del mismo modo también las generaciones futuras (que
comienzan a atraer la atención de la doctrina contemporánea del derecho
internacional)18. Nadie osaría negar el deber que tenemos, los seres vivos, de
contribuir a construir un mundo en que las generaciones futuras se vean libres de las
violaciones de los derechos humanos que victimaron sus predecesores (la garantía de
no-repetición de violaciones pasadas).
23.
La solidaridad humana se manifiesta en una dimensión no sólo espacial - es
decir, en el espacio compartido por todos los pueblos del mundo, - sino también en
una dimensión temporal - es decir, entre las generaciones que se suceden en el
tiempo19, tomando el pasado, presente y futuro en conjunto. Es la noción de
solidaridad humana, entendida en esta amplia dimensión, y jamás la de soberanía
estatal20, que se encuentra en la base de todo el pensamiento contemporáneo sobre
los derechos inherentes al ser humano.
24.
De ahí la importancia de las culturas, - como vínculo entre cada ser humano y
la comunidad en que vive (el mundo exterior), - en su atención unánime al respeto
debido a los muertos. En medios sociales fuertemente impregnados de una visión
comunitaria, - como lo son los africanos, por ejemplo, - prevalece un sentimiento de
armonía entre los vivos y los muertos, entre el ambiente natural y los espíritus que lo
16
.
L.-V. Thomas, La mort, 4a. ed. corr., Paris, PUF, 1998, pp. 91-93, 107, 113 y 115.
17
.
Esta última expresión de solidaridad ha sido expresada, en el siglo XIX, no sin pesimismo pero
con compasión, por Arthur Schopenhauer, al recomendar que debemos desear que nuestros muertos
hayan "entendido su lección" y que "la hayan aprovechado"; A. Schopenhauer, Meditaciones sobre el
Dolor del Mundo, el Suicidio y la Voluntad de Vivir, Madrid, Tecnos, 1999, p. 88.
18
.
Cf., v.g., E. Brown Weiss, In Fairness to Future Generations: International Law, Common
Patrimony and Intergenerational Equity, Tokyo/Dobbs Ferry N.Y., United Nations University/Transnational
Publs., 1989, pp. 1-351; E. Agius y S. Busuttil et alii (eds.), Future Generations and International Law,
London, Earthscan, 1998, pp. 3-197.
19
.
Cf. A.-Ch. Kiss, "La notion de patrimoine commun de l'humanité". 175 Recueil des Cours de
l'Académie de Droit International de La Haye (1982) pp. 113, 123, 224, 231 y 240; R.-J. Dupuy, La
Communauté internationale entre le mythe et l'histoire, Paris, UNESCO/Economica, 1986, pp. 160, 169 y
173, y cf. p. 135 para la "anterioridad de la conciencia sobre la historia".
20
.
Que no es siquiera la soberanía de los pueblos, y que se muestra demasiado limitada en el
espacio y patéticamente restringida en el tiempo histórico.