16
Every human being has a feeling that life is mysterious, and every human being
is to some extent trying to comprehend the incomprehensible"30.
52.
Cada caso de derechos humanos sometido a la consideración de esta Corte es un
universo en si mismo, que, en mi percepción, revela - algunos con más densidad - las
incertidumbres y los misterios que circundan la existencia humana, las indagaciones sobre el
supuesto destino, y la tragedia de la condición humana. Un tribunal internacional de derechos
humanos es llamado a conocer y pronunciarse sobre hechos que frecuentemente revelan la
violencia y las injusticias que victimizan diariamente a tantos seres humanos. La naturaleza
humana efectivamente no parece haber cambiado a lo largo de los siglos.
53.
Me es difícil escapar de la impresión de que, someter la noble labor de un tribunal
internacional de derechos humanos como esta Corte, a cuantificaciones y gráficos estadísticos,
es trivializar indebidamente la misión que le está reservada. Cabría aquí una breve precisión
adicional, también en relación con cuantificaciones que me parecen vacías de todo sentido.
Casos bajo supervisión de ejecución de Sentencias de la Corte no son casos "en trámite", así
indebidamente caracterizados para intentar alimentar gráficos estadísticos de "productividad"
de este Tribunal (e impresionar a los incautos). Son, más bien y precisamente, casos ya
tramitados en cuanto al fondo y reparaciones, y que aguardan el cumplimiento integral de las
respectivas Sentencias, o sea, casos total o parcialmente incumplidos por los respectivos
Estados demandados hasta la fecha.
VII.
El Imperativo Kantiano y el Debido Proceso Legal.
54.
Esto me conduce a otra línea, correlata, de reflexión. La conceptualización de la
persona humana fue enaltecida en el pensamiento de Emmanuel Kant, al reconocer a esta
última una dignidad intrínseca, la cual exige respeto por uno mismo y en las relaciones de uno
con todos los demás seres humanos. Cada persona, como ser moral (homo noumenon), sujeto
de razón práctica, es un fin en sí misma, no pudiendo jamás ser tratada como un medio para
los fines de otros. En sus Fundamentos de la Metafísica de las Costumbres (1785)31 E. Kant
enunció su célebre imperativo, según el cual cada persona debe obrar sólo según una máxima
que aspire al mismo tiempo que se torne ley universal32.
55.
De ahí los imperativos de deber de cada ser racional, de uno con todos los demás.
Cada ser racional existe como fin en sí mismo, y jamás como medio para los demás.
Subyacente al razonamiento kantiano está el principio de la dignidad inherente a cada ser
humano, el cual marca presencia, en nuestros días, en todo el corpus juris del Derecho
.
30
Ibid., pp. 28, 38 y 40.
.
Obra originalmente publicada en 1785, tuvo tres otras ediciones por él mismo
autorizadas (en 1786, 1792 y 1797), y fue en fin dada a público en forma revisada por él, con
el título resumido Metafísica de las Costumbres (1797), dos años después de la publicación de
su proyecto de Paz Perpetua (1795).
31
.
E. Kant, Fondements de la métaphysique des moeurs (1785), Paris, Libr. Delagrave,
1999, pp. 46, 103, 125-129, 136-137, 159, 164 y 166-167; I. Kant, The Metaphysics of
Morals (1797), Cambridge, Cambridge University Press, 2006 [reprint], pp. 17, 183 y 209.
32