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Luego de la investigación, se realizó un informe fechado el 29 de septiembre de
1990 que inmediatamente fue entregado al Director de la Policía, el coronel Julio
Caballeros, quien ordenó mantenerlo en secreto y no enviarlo al tribunal, porque
sus vidas corrían peligro. Dicho informe, basado en las entrevistas realizadas a los
testigos, señaló como principal sospechoso a Noel de Jesús Beteta Alvarez e indicó
que el motivo de la muerte pudo haber sido el hecho de que Myrna Mack Chang
había escrito un libro que trataba sobre la política institucional de los desplazados
internos en Guatemala, el cual, por esos tiempos, se consideraba un tema bastante
delicado en Guatemala. Asimismo, el informe señaló que por lo menos tres
personas vigilaron la casa de Myrna Mack Chang y que por lo menos tres individuos
la habían asesinado.
Cumpliendo las órdenes del Director de la Policía Nacional, el coronel Julio
Caballeros, mantuvo en secreto ese expediente. A los tribunales se presentó un
segundo informe con posible fecha de 4 de noviembre de 1990, realizado por orden
del Director. La diferencia sustancial de este informe respecto del primero era que
establecía como móvil del crimen el robo. Sin embargo, a finales de diciembre de
1990, el Director de la Policía fue destituido del cargo, por lo cual el testigo esperó
a que el nuevo director tomara posesión del cargo, y le manifestó la existencia del
informe de 29 de septiembre de 1990. El nuevo director decidió darle trámite a ese
expediente para lo cual se comunicó con el Procurador General de la Nación y jefe
del Ministerio Público de ese entonces.
En repetidas ocasiones Mérida Escobar le reportó que era vigilado y perseguido por
la investigación del caso Mack Chang, por lo que le pidió a Mérida Escobar que
dejara constancia de esas vigilancias y así lo hizo. En uno de los informes de
Mérida Escobar consta que cuando llegó a entrevistar a uno de los testigos a las
oficinas de AVANCSO, éste le informó que un señor que dijo ser capitán del
Ejército, de apellido Estrada, había llegado a decirles que él era el que estaba a
cargo de la investigación del caso de Myrna Mack Chang, y les preguntó el nombre
del investigador de homicidios de la Policía Nacional que estaba a cargo de ésta.
A partir del 29 de septiembre de 1990 la vida de Mérida Escobar cambió
radicalmente, debido a que empezó a ser víctima de hostigamientos, amenazas,
vigilancias y todo tipo de persecuciones. La vida del testigo también cambió. La
primera represalia tomada en su contra fue la remoción de su cargo como jefe de
investigaciones criminológicas y su consecuente asignación a un cargo de menor
importancia, donde lo sancionaron y arrestaron por supuestas faltas en el servicio
que no cometió.
Antes de declarar ante los tribunales de justicia, Mérida Escobar le manifestó que
tenía miedo de una segunda represalia porque continuaban las vigilancias y las
amenazas. A pesar del miedo que sentía fue al tribunal y declaró la verdad acerca
de lo que le constaba del caso de Myrna Mack Chang. Semanas después de su
declaración, fue asesinado por sicarios, tiradores expertos y a 100 metros del
palacio de la Policía Nacional, con 4 tiros en la cara. Había un pelotón completo de
policías armados que se limitaron a observar como se ejecutaba el crimen, en pleno
día en un parque. Lo dejaron tirado como a un animal herido. Los ejecutores
dejaron tantas evidencias en la escena del crimen y tantos testigos, para que se
supiera de donde venían. A José Mérida Escobar lo mataron las mismas personas
que mataron a Myrna Mack Chang por haber declarado en el caso. Las cualidades
académicas y el desempeño profesional de Mérida Escobar eran excelentes.
El testigo antes del 29 de septiembre de 1990 solo tenía dentro de su record policial
méritos y felicitaciones por su lucha contra el crimen. Luego del asesinato de su
compañero, no pudo seguir viviendo en su casa, que estaba constantemente
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