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El sufrimiento de la familia ha aumentado debido a la falta de respuesta adecuada por parte
del Estado. La familia considera que la pena de prisión de un año impuesta al cabo segundo
López Insfrán fue “un engaño” y que dicho castigo no responde efectivamente a su
necesidad de esclarecimiento de los hechos y de que haya justicia. Consideran que el
proceso interno va a terminar en nada.
B)
Declaraciones rendidas ante fedatario público
TESTIMONIOS
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Familiares de Gerardo Vargas Areco11
La familia de Gerardo Vargas Areco está compuesta por sus hermanos Juan, María Elisa,
Patricio, Doralicia, Mario, María Magdalena, Daniel, Sebastián y Jorge Ramón Vargas Areco,
así como por su padre Pedro Vargas y su madre De Belén Areco.
Antes de enlistarse en las fuerzas armadas de Paraguay, Gerardo vivía en la casa de sus
padres. Era un niño educado, cariñoso y se llevaba bien con todos. Sus padres y hermanos
estaban orgullosos por el ingreso voluntario de Gerardo al servicio militar. La familia
consideró que sería mejor realizar el reclutamiento de manera voluntaria, para así evitar el
riesgo de que Gerardo fuera reclutado en la calle, como sucedía en Paraguay a muchos
otros niños de 15 años. Sin embargo, a la madre de Gerardo le causó tristeza que su hijo
se fuera de la casa siendo tan joven. Gerardo tenía planes de regresar, luego de prestar el
servicio militar, para dedicarse a cuidar y ayudar a sus padres.
Luego de haber sido reclutado, Gerardo visitó a su familia en dos ocasiones. En la segunda,
recibió una licencia de cinco días para visitar a su familia en la época de Navidad. Durante el
tiempo que duró esta visita la madre se encontraba enferma, por lo cual Gerardo llamó a su
cuartel militar para informarles que quería quedarse a cuidarla y le concedieron permiso
para permanecer con su familia hasta el 26 de diciembre de 1989. El suboficial Ramón
Espinola llegó por Gerardo el día 26 para recoger a Gerardo y partieron hacia Villarrica esa
noche a las nueve menos cuarto.
El 31 de diciembre de 1989 el padre recibió una llamada proveniente de la alcaldía policial,
mediante la cual le informaron que su hijo había fallecido a causa de un tiro de bala. La
familia se dirigió al aeropuerto, en donde se les entregó el cuerpo de Gerardo en un cajón
sellado. Los militares que hicieron la entrega del cuerpo señalaron que la familia no debía
abrir el cajón y que debían enterrarlo ese mismo día. La familia se llevó el cajón a la casa.
El señor Vargas, padre de Gerardo, solicitó ayuda a las autoridades locales para abrir el
cajón, ya que éste se encontraba soldado. Al abrir el cajón se percataron de que el ojo de
Gerardo se encontraba “totalmente fuera de órbita” y su brazo parecía quemado. La familia
sufrió mucho al momento de abrir el cajón.
El padre viajó al Brasil el 1 de enero de 1990 con la intención de traer al Dr. Ribamar Cruz e
Silva para que éste realizara una autopsia del cuerpo de Gerardo. El Dr. Cruz e Silva
informó a la familia que la causa de la muerte había sido un proyectil y que el cuerpo se
encontraba todo golpeado, el antebrazo parecía quemado, la cabeza se hallaba “raspada y
rota”, un costado de la cabeza estaba “machucado”, le “echaron todos los dientes” y “tenía
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Debido a que las declaraciones de los padres y hermanos del niño Vargas Areco versan sobre el mismo
objeto, la Corte procederá a resumirlas de manera conjunta.