14
36.
Esto difícilmente se alcanzaría con atención al aspecto meramente formal de
reformas legislativas, las cuales deben hacerse acompañar de la capacitación
permanente de la magistratura nacional latinoamericana en derechos humanos,
particularmente las promisorias nuevas generaciones de jueces. Las sentencias de
los tribunales nacionales deben tomar en debida cuenta las normas aplicables tanto
del derecho interno como de los tratados de derechos humanos que vinculan el
Estado Parte. Estas últimas, al consagrar y definir claramente un derecho individual,
susceptible de vindicación ante un tribunal o juez nacional, son directamente
aplicables en el plano del derecho interno.
37.
Si mayores avances no se han logrado hasta la fecha en el presente dominio
de protección, no es ésto atribuible a obstáculos jurídicos, - que en realidad no
existen, - sino más bien a la falta de voluntad (animus) del poder público de
promover y asegurar una protección más eficaz de los derechos humanos. Esto se
aplica hoy día a la casi totalidad de los países latinoamericanos, - y, entiendo,
también a los países caribeños39, - lo que destaca la necesidad apremiante de un
cambio de mentalidad, al cual ya me referí. Una nueva mentalidad emergirá, en lo
que concierne al Poder Judicial, a partir de la comprensión de que la aplicación
directa de las normas internacionales de protección de los derechos humanos es
benéfica para los habitantes de todos los países, y que, en vez del apego a
construcciones y silogismos jurídico-formales y a un normativismo hermético, lo que
verdaderamente se requiere es proceder a la correcta interpretación de las normas
aplicables a fin de asegurar la plena protección del ser humano, sean ellas de origen
internacional o nacional.
38.
En un libro visionario publicado en 1944, el jurista chileno Alejandro Álvarez
propugnaba con vehemencia por una reconstrucción del derecho de gentes y una
renovación del propio orden social 40. Vivimos hoy, al inicio del siglo XXI, en un
mundo enteramente distinto de aquel de medio siglo atrás, pero el tema que en sus
días inspiró A. Álvarez - y que hoy sería desarrollado de modo distinto, a la luz de la
propia evolución del derecho de gentes
en las cinco últimas décadas, - es efectivamente un tema recurrente, que sigue
reteniendo en nuestros días una gran actualidad.
39.
No veo cómo dejar de sostener e impulsar, nuevamente, en el amanecer de
un nuevo siglo, una reconstrucción y renovación del derecho de gentes, a partir, a mi
modo de ver, de un enfoque necesariamente antropocéntrico, y con énfasis en la
identidad del objetivo último tanto del derecho internacional como del derecho
público interno en cuanto a la salvaguardia de los derechos del ser humano. Siendo
así, la normativa internacional de protección, incorporada al derecho interno, no
podrá dejar de ser directamente aplicada por los tribunales nacionales en todos los
países de América Latina y del Caribe, que han dado el buen ejemplo de profesar su
compromiso con los derechos humanos mediante la ratificación de la Convención
Americana, o adhesión a la misma.
39
.
Lamento no poder referirme a los países de América del Norte (Canadá y Estados Unidos), que
hasta la fecha ni siquiera han ratificado la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
40
.
Cf. Alejandro Álvarez, La Reconstrucción del Derecho de Gentes - El Nuevo Orden y la
Renovación Social, Santiago de Chile, Ed. Nascimento, 1944, pp. 3-523.