Anteriormente a lo ocurrido a Marco Antonio, su hija Emma Guadalupe fue
secuestrada, incomunicada, violada y torturada en la base militar de
Quetzaltenango, de donde pudo escapar después de permanecer secuestrada
nueve días. Está convencida que fueron los militares los que se llevaron a
Marco Antonio. Cuando se enteró del secuestro de Emma Guadalupe y que
logró huir, fue lógico pensar que lo ocurrido a su hijo era una venganza de los
militares, ya que Marco Antonio no tenía algún tipo de militancia política.
Desde la desaparición de su hijo Marco Antonio se siente en completa
indefensión. A raíz de los hechos sintió que pasaba de ser un ser humano
común y corriente a “valer cero”; pasaba a ser una “paria” dentro del mismo
país y eso persistió porque hubo más atropellos, controles y persecuciones.
Guatemala se gobernaba con la impunidad. La desaparición de Marco Antonio
afectó a la familia porque fue una tragedia para cada uno en la relación que
tenían. No hubo una entidad gubernamental u organismo que los amparara,
no hubo justicia en ese momento y cada quien, cada núcleo familiar, como
pudo, se refugió de alguna manera. Se veían en la clandestinidad, porque no
había otra manera, por el mismo temor, el mismo dolor que sentían los
reprimía.
Para el año 1984, vivían de un lado para otro, comiendo si se podía,
durmiendo donde se pudiera. Entonces se produjo otro golpe para la familia,
mataron al esposo de su hija María Eugenia de la manera “más vil y grosera”.
Tuvieron un control de parte de lo que llamaban en esa época la “panel
blanca”, en la cual se llevaban a las personas y las hacían desaparecer. No
tuvo más remedio que buscar la forma de salir y librar a los hijos que le
quedaban y así fue como llegaron a la Embajada ecuatoriana, donde se
asilaron. Lo que más motivó la salida fue la muerte de su yerno, padre de
dos niñas pequeñitas, y lo urgente era librar a su familia. Jamás había
pensado salir de Guatemala y le duele mucho no poder estar allá.
Después de lo ocurrido, pasó diez años con su esposo sin mencionar a su hijo,
para no causar más daño. Para su esposo fue una tragedia la desaparición
del único hijo. Hablaba nada más lo necesario, pues fue un dolor tan hondo
que cuando él perdió toda esperanza, murió.
El Estado nunca va a poder reparar el daño que les ocasionó, pero algunas
medidas pueden servir de paliativo a su dolor, tales como: saber la verdad de
lo que hicieron con su hijo, que hagan justicia, que investiguen para
encontrar a los culpables intelectuales y materiales de los hechos, y que
instituyan la enseñanza a todos los niveles de los derechos humanos y con
una cátedra dedicada a ese respecto.
Solicitó que se le dé la ayuda material y política para que funcione la
Comisión Nacional de Búsqueda de la Niñez Desaparecida, y que se instituya
un banco de datos genéticos. Ella quisiera que sus datos estén en dicho
banco, para que, de encontrarse los restos de su hijo, puedan identificarse.
Ese banco genético va a ayudar a las personas que están dedicadas a
encontrar a los niños desaparecidos y a toda persona, pero esencialmente a
esos niños que han estado desprotegidos, sin ningún respaldo de las
autoridades en Guatemala.
Pide que busquen a su hijo hasta que lo
encuentren y le entreguen sus restos.
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