denunciantes. Esto genera la llamada “impotencia aprendida”, es decir, se
aprende que no se puede hacer nada para cambiar y que lo que hay que
hacer es volver a las formas más primitivas de adaptación, tratar de
protegerse. Otro efecto de la impunidad, dentro de ese cambio de valores, es
que estimula el aumento de las venganzas privadas. Cuando no hay un
sistema judicial que responda en un ámbito público a generar un cierto
reequilibrio después de ocurrida una violación o hecho traumático, se produce
un aumento de la violencia social. Asimismo, la impunidad supone un riesgo
de repetición de atrocidades ocurridas en el pasado, en el sentido de que los
responsables siguen teniendo control del proceso político posterior y cualquier
intento que se hace para generar un nuevo sistema de justicia está
controlado. A su vez, un contexto de impunidad lleva muchas veces a un
descrédito de la democracia, porque el valor de la justicia no es rescatado
como el valor de un nuevo proceso social, y ello induce a generar situaciones
en las cuales las violaciones de derechos humanos se consideran parte de la
salida para luchar contra un contexto de impunidad. Por último, la justicia
tiene el valor de confirmar que determinados hechos se han producido, es
decir, cuando no hay justicia la verdad se “hiere” fácilmente.
En cuanto a los efectos de la impunidad sobre los familiares de las víctimas,
ésta hace que la memoria de las víctimas se convierta en una memoria
privada de la que sólo se puede hablar con familiares o con personas de
confianza, por lo que no se convierte en parte de una memoria colectiva. Las
violaciones a los derechos humanos que las víctimas y sus familiares han
sufrido tienen una causa social y política, pero no tienen un marco social y
político en el que puedan integrarse. Una de las cosas que puede ayudar a los
familiares a enfrentar mejor el impacto de la violencia es el contar con apoyo
social, pero la impunidad lo impide.
La impunidad también genera nuevas experiencias traumáticas para las
víctimas, ya que el hecho de ir a poner una denuncia o interponer un hábeas
corpus se convierte en una experiencia de fracaso o frustración y a veces una
experiencia con riesgo de sufrir amenazas, intimidaciones, etc. El miedo,
asociado al no expresar las experiencias traumáticas, genera en los familiares
más dificultad de asimilar el hecho traumático.
Entre los efectos individuales recogidos en el Informe REMHI, los más
frecuentemente señalados por las víctimas son el sentimiento de injusticia y
el sentimiento de impotencia. Desde el punto de vista de la psicología, la falta
de control sobre la vida es mucho mayor en el caso de los hechos traumáticos
asociados a impunidad.
Los hechos traumáticos de violencia producen también sentimientos de rabia.
La búsqueda de la justicia tiene un papel social de canalizar esa rabia, de
hacer algo constructivo con ella.
Otro aspecto tiene que ver con lo que llaman el “afrontamiento”, la manera
de enfrentar los hechos traumáticos. La impunidad bloquea las formas más
adaptativas de enfrentar el hecho traumático.
El hecho traumático en
términos del proceso de duelo se agudiza con la impunidad.
La impunidad también es un proceso, no es un solo hecho traumático, son
muchas experiencias añadidas al impacto que ya el hecho traumático ha
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