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Finalmente, el testigo expresó que le fue necesario dejar su finca porque tuvo que
salir desplazado. Su hijo presuntamente desaparecido “era el que más [le] ayudaba.”
Actualmente no tiene ningún recurso para vivir.
Testigos propuestos por los representantes
c) Rubén Díaz Romero, padre de Ariel Díaz Delgado
Para el momento en que ocurrieron los hechos el señor Díaz Romero vivía en Pueblo
Bello con su esposa y 7 hijos. Ariel, su hijo desaparecido, tenía 19 años. Al día
siguiente de los hechos el testigo se fue con otras personas a la base militar de San
Pedro a buscar a los desaparecidos, pero no recibieron ayuda del ejército para
encontrarlos y se tuvieron que devolver. Indicó que, meses después fue avisado
sobre los restos encontrados en la finca “Las Tangas”, pero que quien le comunicó no
fue la Fiscalía, ni autoridad estatal alguna. Al presentarse al reconocimiento de los
cadáveres en el hospital donde tenían los restos “tirados en el piso”, no recibió ayuda
de ninguna persona del hospital, de la Fiscalía, ni de ningún funcionario estatal.
El testigo manifestó que después de los hechos “muchos [pobladores de Pueblo Bello
fueron] esparcidos, f[ueron] desplazados […] a Turbo, Chigorodó y Apartadó”. El
ejército les dijo que debían salir del pueblo ya que si no salían “eran cómplices [de]
la guerrilla”. Por ello tuvo que salir hacia Chigorodó llevando consigo sus reses.
Como desplazado, miembros del ejército “se valieron de la ocasión, […] y
obligatoriamente [le] hicieron vender [su] finca”.
El señor Díaz Romero manifestó que desde que ocurrieron los hechos el pueblo “se
encuentra en la miseria, […] bastante mal económicamente y [ha] sufrido por las
violencias, por los sufrimientos de muchas personas que realmente no dejan vivir
tranquilo”.
El testigo expresó que tiene conocimiento de que las autoridades han buscado
a su hijo Ariel, pero que “nunca le han dado una certeza, [ni nada], así sea los
restos”. Después de los hechos “[sus] hijos se fueron [y su] esposa quedó muy
mal”. Finalmente, manifestó que “no se puede […] explicar por el dolor, por la
tristeza que […] queda […] y [por] no [tener] ayuda de ninguno”.
d) Blanca Libia Moreno Cossio, madre de Camilo Antonio Durango
Moreno
La señora Moreno Cossio vivía con sus hijos y su esposo. Su hijo Camilo tenía 20
años y era quien, junto con su esposo, aportaba el sustento de su casa.
Cuando la testigo se enteró de lo sucedido en Pueblo Bello, se dirigió a conseguir un
medio de transporte para salir hacia San Pedro de Urabá, junto con otros familiares
de personas también desaparecidas, a buscar información sobre el paradero de su
hijo, sin recibir ninguna noticia.
La testigo indicó que se presentó también en el hospital de Montería a tratar de
reconocer a su hijo de entre los cadáveres que se encontraban allí. Los cuerpos
estaban “en un estado de descomposición muy horrible”, y ella no contó con asesoría
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