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gran cantidad de policías o de soldados, se hicieron presentes en el lugar y un
numeroso grupo de fotógrafos que acompañaba a las autoridades empezó a retratar
la escena y a quienes estaban presentes, lo cual constituía, a su parecer, una forma
de intimidación.
A pesar de la presencia militar, la excavación prosiguió y lograron dar con la bolsa
donde se hallaba un cuerpo. En ese momento escucharon ruidos y apareció el
Procurador General de Guatemala, gritando que debían detener la excavación. El
Procurador se mostró alterado y tenía una actitud inflexible.
La exhumación no prosiguió, y se generó una gran discusión, lo cual hizo que
aumentara la tensión en el lugar y que temiera principalmente por la seguridad de
Jennifer Harbury.
Cuando partieron del cementerio se dirigieron a una oficina de un pueblo cercano,
donde el juez o el médico forense que los acompañaba les pidió que no se movieran
de ahí, pues era un lugar donde iban a estar protegidos.
Posteriormente, regresaron a ciudad Guatemala y Harbury llamó a alguien en ciudad
de México D.F., y esta persona les dijo que no salieran del hotel y que abandonaran
el país tan pronto como fuera posible.
f.
Testimonio de José Fernando Moscoso Moller, arqueólogo
guatemalteco, miembro del Equipo de Antropología Forense de
Guatemala.
Ha realizado investigaciones antropológico-forenses e históricas a solicitud de las
autoridades guatemaltecas desde 1992, y ha trabajado internacionalmente, entre
otros, con las Naciones Unidas en Bosnia y Herzegovina y con la Comisión de
Esclarecimiento Histórico de la República de Haití. Su especialidad es analizar los
huesos de una osamenta humana, es decir, una vez que no se tienen tejidos blandos.
Los objetivos de una investigación antropológico-forense son básicamente tres:
identificar a la persona a través de los restos óseos, en particular determinar el sexo,
la estatura, la edad, las enfermedades y los rasgos dentales; establecer la causa de
la muerte y, finalmente, establecer la manera en que ésta sucedió.
Como miembro del Equipo de Antropología Forense de Guatemala, llevó a cabo una
exhumación en Retalhuleu, en agosto de 1993, con el objetivo de “establecer si la
persona enterrada como XX el 13 de marzo de 1992, y que había fallecido un día
antes supuestamente en un enfrentamiento armado, correspondía a la persona de
Efraín Bámaca [Velásquez]”.
Como había transcurrido más de un año entre el momento en que supuestamente
Bámaca Velásquez murió y el momento en que se llevó a cabo la exhumación en
Retalhuleu, no era posible realizar una autopsia sobre el cadáver, sino un estudio
antropológico, con las características recién descritas.
Estuvieron presentes en esta diligencia Jennifer Harbury, el médico forense de
Retalhuleu, varios miembros del Equipo de Antropología Forense de Guatemala,
periodistas, algunas autoridades y algunos observadores. El médico forense de
Retalhuleu fue la persona encargada de identificar el área en donde podía estar el
cuerpo que se iba a exhumar, pues era quien había hecho originalmente la autopsia
en 1992.
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