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Como oficial de Inteligencia, tuvo conocimiento de que hubo un enfrentamiento entre
la Fuerza de Tarea Quetzal y el Frente Luis Ixmatá en marzo de 1992. Recibió una
comunicación por radio acerca de que “un delincuente terrorista [...] había caído en
combate” cerca de un río en Nuevo San Carlos. Cuando la situación se había
calmado, siguiendo órdenes, se desplazó en uno de los tres helicópteros del Ejército
a Retalhuleu a informar a las autoridades que había habido un enfrentamiento
armado y que había muerto un guerrillero, y ayudó al Juez de Paz a trasladarse al
lugar de los hechos. Tuvo oportunidad de ver el cadáver, sobre el río Ixcucua, y se lo
llevaron en helicóptero como parte de las diligencias judiciales.
Estuvo en el destacamento de Santa Ana Berlín después del enfrentamiento del 12
de marzo de 1992 y no tuvo conocimiento si Efraín Bámaca Velásquez fue capturado
en el mismo, ni sabía que miembros de la ORPA habían hecho declaraciones en ese
sentido.
Negó haber estado con Nery Ángel Urízar en la Base de Santa Ana Berlín o haberlo
llevado para reconocer a Bámaca Velásquez. No vio detenido ni torturado a Bámaca
Velásquez, ni a ninguna persona con sus características físicas, en la base de Santa
Ana Berlín o en San Marcos y únicamente conocía de su existencia por la cantidad de
informaciones que aparecían en la prensa.
Negó haber tomado la decisión de explotar la captura de Bámaca Velásquez con fines
de “inteligencia militar”, simulando que cayó en combate y manteniéndolo detenido.
Conoció en 1991 a Nery Ángel Urízar, Especialista de la Zona Militar No. 1316.
También en ese mismo año conoció a Cristóbal Che Pérez, ex combatiente del Frente
Javier Tambriz de la ORPA, quien se entregó directamente a él. En el caso de los
citados después “se hizo todo el procedimiento” de presentación ante las autoridades
competentes. Che Pérez al final decidió quedarse en las instalaciones militares e
inclusive se le dio plaza de soldado. Negó haber ordenado su muerte y luego
entregarlo al Juez de Paz como el cadáver encontrado en el río Ixcucua. Advirtió que
el testimonio de Urízar García no era de fiar, pues es un “delincuente” contra quien
incluso existían órdenes de captura en su contra.
A raíz de la desaparición de Bámaca Velásquez prestó declaraciones ante el
Ministerio Público, en un juzgado y en la Procuraduría de los Derechos Humanos. Fue
investigado y luego sobreseído en un proceso penal debido al caso de Bámaca
Velásquez, aproximadamente en el año 1994. Además rindió declaración dentro de
un proceso especial de averiguación que trataba de ubicar el paradero de Bámaca
Velásquez. Durante este período de investigaciones no fue separado de sus funciones
en el Ejército.
j.
Testimonio de Acisclo Valladares Molina, abogado y notario
guatemalteco, Procurador General de la Nación y Jefe del Ministerio
Público.
Ocupó funciones en la judicatura, fue Jefe del Ministerio Público y Procurador General
de la Nación. Ocupó este último cargo durante el período 1991-1993 y durante el
período constitucional 1994-1998. En el primer período, la Constitución guatemalteca
atribuía al cargo dos funciones primordiales: ser representante legal del Estado, y
“velar por el estricto cumplimiento de las leyes y perseguir penalmente los delitos”.
Además, existía en Guatemala la figura de la acción pública, mediante la cual
cualquier persona podía “perseguir cualquier tipo de delitos, salvo los privados o
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