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que los internos entraban o salían de sus pabellones, los guardias “los llaveaban”; es
decir, los encerraban bajo llave.
Estudiaba en la escuela tres horas seguidas, de las 7 a las 11 horas o de las 13 a las
16 horas. En el día veía la tele y escuchaba radio, pero no trabajaba.
El médico les daba una pastilla “todo terreno” para cualquier cosa, fuera para el
dolor de dientes o para el dolor de cabeza. No había dentista, oculista ni psiquiatra.
En el Instituto había violaciones sexuales, pero nunca en el Pabellón de reincidentes,
donde él estaba. Cuando había una violación, los directores revisaban al sujeto que
había sido violado. Por otro lado, había 15 guardias en turnos. No había peleas entre
los propios internos.
La disciplina interna del Instituto consistía en castigar a los internos con golpes y
palos. Los guardias los llevaban a un sótano, en el cual les pegaban donde querían y
después los regresaban al pabellón. No vio un calabozo, sino un sótano. Además, no
se utilizaban medios de coerción como esposas, cadenas y grillos; “sólo a patadas los
llevaban”.
Estuvo presente en el primer incendio ocurrido el 11 de febrero de 2000. No tuvo
nada que ver con ese incendio. Todo fue culpa de un oficial de apellido Cano que
llegó del Penal de Tacumbú. Ese día todos los internos estaban despiertos todavía,
cuando un oficial separó a un grupo de 5 ó 6 internos del Pabellón 8 y les dijo a los
demás que se fueran a dormir, pero ellos le contestaron que no tenían sueño. A los
internos que se llevaron les pegaron demasiado, sin motivo. Eran como las dos o
tres de la madrugada y los guardias estaban borrachos. Cuando los internos llegaron
todos lastimados, golpeados, querían hacer algo, pensaban en hacer una huelga de
hambre y entonces empezó el fuego. Los oficiales corrían pero no hacían nada. Un
oficial decía: “que se mueran […] no me interesa nada”. Se murieron dos internos:
Cahvito y Yacaré. Después murieron siete que habían sido trasladados al Hospital –
entre ellos Mario Cabra, su amigo, de quien se decía que ya tenía su libertad – le
había llegado ese día a las seis de la tarde. Después de salir al patio, las autoridades
tardaron dos o tres horas para llevar a los internos al Hospital.
Solicitó a la Corte su libertad, ya que no quiere dinero. Cuando salga quiere buscar
otro trabajo y vivir con su madre.
c) Testimonio de Raúl Guillermo Ramírez Bogado, periodista
Trabajaba como periodista en el diario Última hora. En su testimonio indicó que
había múltiples versiones de cómo se inició el incendio del 11 de febrero de 2000.
Asimismo se refirió a las condiciones en que se encontraban los internos en el
Instituto. Escribió varios artículos periodísticos al respecto.
d) Testimonio de Jorge Bogarín González, ex Magistrado Judicial
Ejerció la Magistratura Judicial desde diciembre de 1995 hasta abril de 2001. La
situación penitenciaria en el Paraguay era y es muy “deficitaria” y particular, ya que
las cárceles están administradas por el Poder Ejecutivo, específicamente por el
Ministerio de Justicia, con alguna supervisión de la Corte Suprema de Justicia.