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esperanzas de poder encontrar ayuda internacional.
70.
El 31 de marzo de 2004 las representantes remitieron las declaraciones de los
testigos Dirma Monserrat Peña, Clemente Luis Escobar González, Arsenio Joel Barrios
Báez, Hugo Antonio Vera Quintana, Jorge Daniel Toledo y María Teresa de Jesús
Pérez, todas rendidas ante fedatario público (affidávits) (supra párr. 44), en
respuesta a lo dispuesto por el Presidente mediante Resolución de 2 de marzo de
2004 (supra párr. 42)34. A continuación, la Corte resume las partes relevantes de
dichas declaraciones.
a) Testimonio de Dirma Monserrat Peña, hermana mayor de Pedro Iván
Peña, ex interno del Instituto
A su hermano se lo llevaron el 31 de diciembre de 1999; sin embargo, no le avisaron
a su familia. Para poder avisarles, Pedro Iván Peña mintió a la policía y les comentó
que había una cosa robada en su casa. De esa forma, la policía fue a su casa en
busca del supuesto objeto robado y así su familia se enteró que estaba en la
Comisaría 12. La testigo fue a la comisaría, pero le negaron que su hermano
estuviera ahí. Por tanto, tuvo que acudir a una radio comunitaria para pedir ayuda.
Entonces, un periodista llamó y le confirmó que su hermano estaba en dicha
comisaría. Su hermano le dijo que lo torturaron bastante y, de hecho, tenía
“rastro[s] de tortura”, y “raspones por todos lados”. Por dicha razón, la testigo quiso
que a su hermano le hicieran un diagnóstico médico en la comisaría, pero ellos no
quisieron hacerlo.
Su hermano le contó que fue torturado en el Instituto varias veces y que estuvo en
el sótano donde llevaban a los internos atados y “maniatados”; en ocasiones los
ponían boca abajo, con “la pata para arriba”. A veces estaban de uno a tres días en
dicho sótano. Trataban a los internos “como animales”. Además, tuvo carencia de
comida, la cual era “asquerosa”. Sin embargo, los internos se peleaban por un plato
de comida. Si no tenían plato, muchas veces no comían.
Con el incendio, la familia pasó un infierno por temor a que su hermano se muriera,
ya que él estuvo muy mal en esos días y les decían que se iba a morir. El director del
Instituto empezó a decir “que se mueran todos, si no valen la pena […] que se
mueran todos, ellos no van a servir para nada, ellos no tienen futuro para algún día”.
Pedro Iván Peña estuvo dos o tres semanas en el hospital y luego fue trasladado a la
sanidad de la cárcel de Tacumbú donde estuvo casi tres o cuatro meses, y después
fue liberado. Desde entonces ha sufrido muchas persecuciones por los policías.
Su hermano tuvo muchas consecuencias mentales y psicológicas del incendio, ya que
en ocasiones recuerda perfectamente lo que pasó y a veces no recuerda nada. Hay
ocasiones en que se olvida de su nombre y de su fecha de cumpleaños. Así, hay
“veces en que está bien pero en otras, él está muy mal”.
Después del incendio, su hermano tuvo tos y su mano quedó totalmente inservible.
El cuerpo de su hermano tiene cicatrices por todos lados: por los brazos, por las
piernas y por la nariz. El necesitaba una cirugía para las manos y para la nariz, pero
34
Cfr. expediente de declaraciones escritas aportadas por el Estado, la Comisión Interamericana y
las representantes de las presuntas víctimas, tomo I, folios 221-263.