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podían comprar comida en una cantinita. Era “comida como para un chancho”.
Muchas veces se enfermó por la comida.
Por otro lado, los internos sufrían mucho maltrato físico, los trataban como a “un
animal”. Les pegaban por cualquier cosa, por diversión. Algunas veces les pegaban
en las manos, en los pies y en la cabeza; en otras ocasiones, los metían en el
calabozo subterráneo y los esposaban. En el “calabozo” había ratones porque había
basura. No vio a ningún médico. Para dormir era como un zoológico, ya que se
turnaba con otro compañero para dormir en la cama y en el piso. Era “un corral”.
Hizo el primer curso de la escuela en el Instituto. No se acuerda en qué mes salió.
Todo esto lo dejó traumado.
Estuvo en el incendio del viernes 11 de febrero de 2000 y tuvo suerte de no haber
muerto. Sufrió tercer grado de quemadura en su cara, pecho, espalda y nariz. No
sabe nada de lo que pasó en el incendio, ya que se desmayó y se levantó sólo en el
hospital. Su hermana no lo reconoció porque estaba vendado y no podía hablar.
Estuvo dos semanas en el hospital y luego fue llevado a la sanidad de Tacumbú.
Después, le decretaron libertad y salió. Necesitaba tratamiento y no se lo dieron.
Poco a poco fue recuperando el habla. Su familia es pobre y le faltaba presupuesto.
El incendio y el Instituto lo dejaron mal mentalmente. No tiene futuro, está mal.
Volvió a entrar al Instituto porque estaba marcado; es decir, cada vez que sucedía
algo y la policía lo veía, lo agarraba, por un hecho del cual no sabía nada. “Con todos
hacen así”. Por eso tiene miedo.
Cuando Julio Duarte fue a verlo en Itauguá, éste le dijo en guaraní que era abogado
del incendio y que iban a ganar mucho dinero, “si se va a hacer el juicio, vos te vas a
ir a Costa Rica”. Pedro Iván Peña le comentó que sin su abogada no hablaría. Como
se asustó por este hecho se lo comunicó a su hermana.
Necesita ayuda; no va a salir adelante porque no hay trabajo. Tiene mucho por
delante y no pierde la esperanza. Desearía ser doctor; quiere ayudarle a la sociedad,
al próximo que necesite ayuda. Hay muchos inocentes que están sufriendo en la
cárcel; algunos casi no reciben visitas. Salen a la calle y los meten otra vez.
Solicitó a la Corte una operación y que le ayude porque quiere ser médico. Además,
necesita trabajo y quiere estudiar, ya que es joven todavía. Por otro lado, no puede
mover la mano y le gustaría que se la arreglaran. Finalmente, solicitó protección
porque tiene miedo y no está seguro.
b) Testimonio de Raúl Esteban Portillo, ex interno del Instituto
Tenía 16 años cuando entró en el Instituto. De la Comisaría lo pasaron al Instituto
sin avisar a su familia. Cuando llegó los guardias le pegaron con “cachiporra” en la
cara, en las manos y en los pies. Estuvo preso 7 meses la primera vez y ocho días la
segunda.
Golpeaban a los internos en un sótano que tenía grillos en la pared. Ahí los ponían y
les pegaban en las manos, pies y cara. Les llevaban agua, los golpeaban una hora y
los dejaban dos horas. Cuando lo golpearon le dio fiebre como nueve días, pero no
vio a ningún médico.