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a Sergio Daniel.
Algunos dijeron que fueron los internos quienes iniciaron el incendio, pero pudo
haber sido “otra persona”. “Hay muchas versiones pero […] no sabemos cuál es la
realidad.” Ellos no recibieron ni un guaraní; sólo recibieron el ataúd.
Hasta el momento su familia está muy dolida por la desgracia que pasaron. Tiene
once hijos y ningún otro ha estado en el Instituto ni en alguna comisaría.
Espera justicia de la Corte porque en su país no la ha conseguido. Solicitó que se le
pague una indemnización para tener un panteón, ya que su hijo está en el de un
familiar lejano. Hay otras familias que también estuvieron afectadas por situaciones
similares a las que la suya pasó.
b) Testimonio de Rosalía Figueredo Britez, madre de Sergio Daniel Vega
Figueredo, ex interno del Instituto fallecido
Conoció el Instituto porque su hijo, Sergio Daniel Vega Figueredo, estuvo interno. A
su hijo se lo llevó la policía el 25 de junio de 1999. Al llegar a la comisaría para
buscar a su hijo la policía le dijo: “Su hijo se complicó de balde, señora”. La testigo
no pudo retirarlo porque no tenía dinero, y le pidieron 500 000 guaraníes para liberar
a su hijo de la Comisaría. Los habría pagado si los hubiera tenido, pero no era así.
Por no tener dinero su hijo está muerto. El 2 de julio de 1999 su hijo fue trasladado
al Instituto sin que él hubiere emitido una declaración ante una autoridad
competente. Sergio Daniel estuvo en el Instituto un año siete meses. “Tres días
después de pasado en [el] ‘Panchito’ cumplió sus 17 años.” Al año, una chica
declaró que su hijo no estaba con ellos cuando sucedió el hecho por el cual se le
culpó a su hijo. La testigo manifestó tener once hijos, de los cuales ninguno había
tenido ningún conflicto con la ley.
Ella iba a visitar a su hijo los martes, jueves, sábados y domingos. La visita
consistía en que los familiares iban al Instituto y llevaban las cosas que podían. Ella
le llevaba a su hijo comida, jugo, ropa, zapatillas y todo lo que necesitaba. Después
los guardias sacaban al interno de su celda de las 10 de la mañana hasta las 2 de la
tarde.
Hizo muchas gestiones para obtener la libertad de su hijo. De hecho, habló con un
abogado, quien le dijo que iba a sacar a su hijo en tres meses, “porque él est[aba]
de balde complicado”. Después, el caso pasó a otra abogada “de los pobres”, quien
no pudo hacer nada aunque luchó conmigo y decía que no conseguía nada “porque el
fiscal encarpetó el caso de [s]u hijo”. Luchó para hablar con el fiscal, ya que una
muchacha había declarado que su hijo no había tenido que ver con el delito que se le
imputaba. Sin embargo, el fiscal le dijo: “Señora, usted si quiere saber otra cosa me
puede venir a golpear la puerta, pero el documento de tu hijo por el momento no
voy a leer. Está encarpetado”. Su hijo nunca fue condenado.
Sergio Daniel era bueno, muy callado, y nunca se quejaba. Cuando estaba en el
Instituto él le decía que iba a salir de ahí porque no había hecho nada y tenía fe en
Dios. Él estudiaba en el Instituto – llegó a sexto grado – y hacía un cursillo para la
confirmación. Antes de entrar en el Instituto, su hijo no consumía drogas, pero
después de entrar sí consumía. Los guardias decían que las madres les llevaban las
drogas, pero ella no iba a llevar “una cosa que a [su] hijo le envenena”.