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Escribió varios artículos en el diario Noticias de Asunción, en su condición de
periodista cronista del área “judiciales”. Por tanto, el 11 de febrero de 2000 fue al
Instituto cuando ocurrió el incendio. Llegó después de ocurridos los hechos cuando
los internos ya habían sido trasladados a centros asistenciales; por ende, se limitó a
recoger versiones de la gente, de vecinos y de otros internos, quienes le relataron
cómo habrían ocurrido los hechos.
Conocía las condiciones del Instituto con anterioridad al incendio porque lo visitaba
asiduamente, ya que era su área de cobertura. Los días en que iban a ir de visita los
jueces limpiaban “el mal llamado correccional” y lo pintaban con cal. Sin embargo,
cuando salían los jueces, “comenzaba de nuevo el infierno”. Asimismo, los internos
manifestaban que había un lugar donde se les torturaba en un sótano. Ella vio el
sótano y cómo eran tratados; además, vio cómo esos niños estaban hacinados en las
celdas.
Por otro lado, los guardias carcelarios estaban entrenados para castigar y torturar
pero no para tratar a los internos como seres humanos. Asimismo, la testigo nunca
vio extintores ni tiene conocimiento de que haya existido un plan de emergencia en
el Instituto.
g) Peritaje de Mario Ramón Torres Portillo, psicólogo
En 1992 y 1993 participó en el Instituto como asistente psicológico de manera
esporádica. Hacía voluntariado dentro de las cárceles con autorización del Ministerio
de Justicia. En 1994 lo invitaron a participar como perito del Instituto.
El ambiente en el sistema carcelario es paranoico, desde el director a los guardias
carcelarios y los jóvenes.
Por tanto, el acceso de las organizaciones no
gubernamentales es limitado. Pese a ello, cuando la prensa divulgó la situación en el
Instituto, el Ministerio de Justicia tuvo que dar oportunidad a que se ingresara a
éste.
A pesar de que el Instituto se denominó como una institución de reeducación, no
cumplió con esa función, ya que “e[ra] una escuela de pérdida de sentido a la vida”.
Había un abandono absoluto en lo educativo y en lo comunicacional. Esta conclusión
está basada en un trabajo de investigación que realizaron “Defensa del Niño
Internacional”, la Fiscalía General del Estado y UNICEF en los años 1996, 1997 y
1998. Dicha investigación no fue tomada en cuenta por las autoridades estatales.
En esta investigación se detectó que el pensamiento de los jóvenes adolescentes
sufría un estancamiento intelectual en cuanto a su nivel de lo conceptual y de lo
simbólico.
Los golpes entre adolescentes son muy comunes, pero en el caso concreto del
Instituto la situación se agudizaba por la falta de “contención afectiva y ambiental
adecuada”. Como consecuencia, se presentaban cuadros de paranoia y de
desconfianza. Los menores del Instituto se polarizaban en grupos contrarios debido
al abandono y la “descontención afectiva, social y metodológica”. Las luchas y las
peleas entre ellos podían ser mortales porque vivían una angustia incontrolable y no
existían “elementos contenedores” que pudieran separarlos, contenerlos u
orientarlos.