20
72.
El 29 de marzo de 2006 la Corte recibió en audiencia pública las declaraciones
de los testigos y peritos propuestos por las partes (supra párr. 28). El Tribunal
procederá a resumir dichas declaraciones y dictámenes periciales a continuación.
a) Declaración de Elvira Gómez Olivares, esposa de Luis Alfredo
Almonacid Arellano, testigo propuesta por el representante
Según la testigo, “el día 14 de septiembre [de 1973] llegó una patrulla a [su] casa
buscando a [su] esposo que no se encontraba en ese momento. Allanaron [la] casa
[…] y [le] encañonaron con [un] arma[. Ella t]enía un embarazo de ocho meses y
medio. Registraron todo y se fueron”.
“El día 16 [de septiembre de 1973], a las once de la mañana [su esposo] fue a la casa
a ver[la], porque él no se encontraba alojando [all��] por razones de seguridad. [A eso
de] las once y media de la mañana llegó una patrulla a buscarlo[.] Lo sacaron a
empujones, no le dejaron ponerse el vestón y lo llevaron los carabineros […]. Lo
empujaban y él iba nervioso, con las manos en alto. [Su] marido usaba lentes. [Al
llegar] a la esquina de la casa […] en el tumulto [vio] que [su] marido trastabill[ó],
trata[ba] de sujetar sus lentes que se le [caían] y [sintió] la ráfaga de la metralleta
[…]. Eran dos carabineros que en ese momento iban con él. Cayó herido de muerte ya,
pero quedó vivo y [la testigo] a socorrerlo, vacil[ó] y venía [su] hijo pequeño detrás de
[ella], de dos años y se lo pasó a [su] hijo de nueve años que v[enía] atrás, para que
se lo lleve a la casa”. La testigo intentó acercarse al señor Almonacid, “pero la cara del
teniente que estaba con él, con su metralleta [se] lo impidió y [ella se] par[ó] a dos
metros de él en una muralla, a ver lo que hacían con [el señor Almonacid]. El sargento
fue a buscar una camioneta. La trajeron. […] Tomaron [al señor Almonacid] como un
fardo de papas y lo tiraron arriba. Se subieron. Después llegaron varios carabineros
más […] y lo llevaron al hospital[.] Lo operaron, pero […] murió ya al día siguiente”.
“En el momento mismo que a [su] marido le dispararon, a [ella se le] desprendió la
placenta y [su] hijo murió también”. Después de la muerte del señor Almonacid
Arellano su “familia completa fue destruida, porque [sus] hermanos quedaron sin
trabajo, [su] hermano mayor, que era el sostén de la familia fue relegado, y […] a [ella
le] vigilaban eternamente todos los días”.
Fue citada una vez por el Juzgado del Crimen, pero nunca a la Fiscalía Militar y nunca
ha recibido alguna oferta del Consejo de Defensa del Estado de Chile para hacerse
cargo judicialmente del caso. Rindió declaración ante la Comisión Nacional de Verdad y
Reconciliación, y la reseña de la ejecución extrajudicial de su marido, junto con el
nombre de éste, aparecen en el informe final de esa Comisión.
Desde 1992 recibe una pensión que proviene del Estado de Chile. Antes de percibir la
pensión sobrevivió “cociendo, haciendo trabajos en [su] casa y con la ayuda solidaria
de muchas personas que llegaron a ayudar[le] en ese momento”. Lo que percibe
actualmente, le alcanza para vivir “medianamente, porque [tiene] una salud muy
mala”. Dos de sus tres hijos han recibido becas y hoy día son profesionales. Además,
usan la tarjeta de atención gratuita de salud, en el sistema público de salud. Ella no ha
podido usarla porque su “salud está tan mala” que debe “recurr[ir] a lo que es más
rápido, pero no porque no [le] sirva”. Sin embargo, cree que “va a llegar el momento
en que la [va] a necesitar y est[á] dispuesta a usarla”. El nombre de su marido, como
medida de reparación simbólica, se encuentra incluido en el memorial que se hizo a las
víctimas de la represión de la dictadura militar en el cementerio general, además
existe una calle y una villa denominada “Luis Almonacid” en la ciudad de Rancagua.