5
19.
Una argumentación recurrente para pretender negar competencia a la Corte IDH en relación
a los “derechos” que consagra el artículo 26 parte del entendimiento de que esa norma no establece
propiamente “derechos”, sino solo el compromiso de “desarrollo progresivo”; es decir, un objetivo
programático. Considero que esta perspectiva que se argumenta resulta limitada a la luz de la
protección que debe brindar el Sistema Interamericano por lo que no comparto esta visión por
diversos motivos.
20.
En primer lugar, de acuerdo al texto del artículo 26, el compromiso de desarrollo progresivo
se refiere a “derechos”, por el señalamiento literal de la norma; es decir, no podría predicarse tal
obligación sino respecto de “derechos”, por lo que es imperioso colegir que la norma refiere a
“derechos” y no a meros objetivos.
21.
Este entendimiento es acorde a lo previsto en la Convención de Viena sobre el Derecho de
los Tratados, que manda a interpretar un tratado “de buena fe conforme al sentido corriente que haya
de atribuirse a los términos del tratado en el contexto de estos y teniendo en cuenta su objeto y
fin”22. En ese sentido, es evidente que un entendimiento de buena fe de la palabra “derechos” incluida
en el citado artículo 26, que sea “conforme al sentido corriente” del término, indica que el mismo se
refiere a “derechos” propiamente dichos, de igual naturaleza que el resto de los “derechos” aludidos
en la Convención Americana. Lo anterior se corrobora al advertirse que precisamente el artículo 26 es
el único artículo del Capítulo III denominado “Derechos económicos, sociales y culturales”. Tal
entendimiento es acorde al objeto y fin del tratado, que propende a la protección de los derechos de
la persona humana.
22.
Así, el artículo 26 no es meramente una norma programática para los Estados Parte de la
Convención Americana, sino que constituye una disposición que impone a la Corte IDH derivar derechos
de las normas existentes en la Carta de la OEA, por lo que, atendiendo al caso concreto, contiene
derechos de naturaleza económica, social o cultural y no meros objetivos. […].
23.
En segundo lugar, y siguiendo con la argumentación precedente, no puede pasar inadvertido
que el artículo 26 de la Convención Americana expresamente indica que de las normas pertinentes de la
Carta de la OEA23 se “derivan” derechos. El sentido literal es claro24: la norma no señala que para
22
Los artículos 31 y 32, relativos a la interpretación de los tratados, dicen: Artículo 31: “Regla general de
interpretación. I. Un tratado deberá interpretarse de buena fe conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los
términos del tratado en el contexto de estos y teniendo en cuenta su objeto y fin. 2. Para los efectos de la
interpretación de un tratado. El contexto comprenderá, además del texto, incluidos su preámbulo y anexos: a) todo
acuerdo que se refiera al tratado y haya sido concertado entre todas las partes con motivo de la celebración del tratado:
b) todo instrumento formulado por una o más partes con motivo de la celebración del tratado y aceptado por las demás
como instrumento referente al tratado; 3. Juntamente con el contexto, habrá de tenerse en cuenta: a) todo acuerdo
ulterior entre las partes acerca de la interpretación del tratado o de la aplicación de sus disposiciones: b) toda práctica
ulteriormente seguida en la aplicación del tratado por la cual conste el acuerdo de las partes acerca de la interpretación
del tratado: c) toda forma pertinente de derecho internacional aplicable en las relaciones entre las partes. 4. Se dará a
un término un sentido especial si consta que tal fue la intención de las partes”. Artículo 32: “Medios de interpretación
complementarios. Se podrán acudir a medios de interpretación complementarios, en particular a los trabajos
preparatorios del tratado y a las circunstancias de su celebración, para confirmar el sentido resultante de la aplicación
del artículo 31, o para determinar el sentido cuando la interpretación dada de conformidad con el artículo 31: a) deje
ambiguo u oscuro el sentido; o b) conduzca a un resultado manifiestamente absurdo o irrazonable”.
23
Adoptada el 30 de abril de 1948. Entró en vigor el 13 de diciembre de 1951. Reformada por el Protocolo de
Reformas a la Carta de la Organización de los Estados Americanos "Protocolo de Buenos Aires", suscrito el 27 de febrero
de 1967, en la Tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria; por el Protocolo de Reformas a la Carta de la
Organización de los Estados Americanos "Protocolo de Cartagena de Indias", aprobado el 5 de diciembre de 1985, en el
decimocuarto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General; por el Protocolo de Reformas a la Carta de la
Organización de los Estados Americanos "Protocolo de Washington", aprobado el 14 de diciembre de 1992, en el
decimosexto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General; y por el Protocolo de Reformas a la Carta de la
Organización de los Estados Americanos "Protocolo de Managua", adoptado el 10 de junio de 1993, en el decimonoveno
período extraordinario de sesiones de la Asamblea General.
24
Teniendo en cuenta el artículo 31 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (transcripto supra,
en la nota a pie de página 17 del presente voto), es válido acudir al sentido corriente de las palabras que, además, en
este caso, son acordes al entendimiento que mejor propende al objeto y fin de la Convención, que es la protección de
los derechos humanos.