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A pesar de la explosión (o las explosiones) de dinamita y sus devastadores
efectos, familiares de las víctimas, y en alguna medida autoridades judiciales o del
Ministerio Público, lograron identificar algunos de los restos:
“Estando de viaje de negocios en Huancavelica, Zósimo Hilario Quispe se
enteró el 6 de julio que sus familiares habían desaparecido y que su vivienda
había sido quemada. Al día siguiente, Hilario se trasladó de Huancavelica hacia
la estancia de Rodeo Pampa en compañía de algunos comisionados de la
Comunidad Campesina de Santa Bárbara y al llegar se encontraron con un
cuadro desolador: casas quemadas, alimentos, ropa y otros enseres regados en
el piso, incluso hallaron mucha sangre por los alrededores de los caserones.
“Posteriormente, Hilario Quispe se dirigió hacia la mina “Misteriosa”
donde arribó el 18 de julio con autoridades del Ministerio Público y algunos
periodistas. Narró que al llegar al lugar encontraron trenzas, partes de cuero
cabelludo, llaves, un trozo de lengua y un talón. Otro de los testimoniantes,
Zenón Cirilo Osnayo Tunque, dijo haberse desesperado al encontrar un cuadro
macabro en el lugar de la masacre: “Encontré a mi esposa muerta, amarrada
con mi propia soga, de una de mis hijas vi la mitad de su cabecita, la reconocí
por su trencita, y por el pili mili que llevaba”.
“Dicho testigo refirió que el 4 de julio los campesinos vecinos al lugar
donde estaba la mina “Misteriosa” vieron a un grupo de soldados tratando de
borrar las pruebas y que 23 comuneros fueron detenidos por los militares
tratando de impedir que ingresaran al interior de la mina. Señaló que gracias a
la intervención del Sub Prefecto de Angaraes el Ejército los liberó.
“Poco después, el 11 de julio de 1991, Viviano Hilario Mancha, padre y
abuelo de los desaparecidos Ramón Hilario Morán y Héctor Hilario Guillén,
respectivamente, encontró en la entrada de la mina “Misteriosa” el cadáver
semienterrado de su nieto Héctor Hilario, junto con otros cuerpos que no pudo
reconocer, denunciando el hallazgo al día siguiente ante la Fiscalía Provincial de
Huancavelica y al Juzgado de Instrucción de esa provincia9.”
Intentos de borrar las huellas de la masacre
“La diligencia de levantamiento de cadáveres se frustró en un inicio
porque el grupo de comuneros que acudió en auxilio del Juzgado fue detenido e
impedido de llegar a la mina, por miembros del Ejército que inicialmente no
vestían sus atuendos militares. Los testigos Marcelino Chahuayo Arroyo y Zenón
Cirilo Osnayo Tunque han sostenido de manera consensual que los elementos
castrenses los retuvieron en una casa abandonada muy cercana a la mina
desde las 10 de la mañana hasta las 5:30 de la tarde, pero que
aproximadamente a las 3:30 sintieron una explosión, debido - según ellos- a
que los soldados estaban dinamitando la entrada del socavón para borrar las
huellas de la masacre, habiendo luego arrojado los restos humanos que
quedaron a un barranco muy profundo.
“Cabe indicar que dicho grupo de personas se dirigía a la mina a pie y
por otra vía distinta a la utilizada por las autoridades que iban en camionetas y
acompañadas de periodistas.
“Según testimonios de los familiares de las víctimas, a los vehículos de
la comitiva oficial extrañamente se les agotó el combustible por lo que no
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Informe de la CVR, tomo VII, págs. 534-535.