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hijo y no tener nada más, crea un vínculo especial y muy profundo. Henry Giovanni
era su hijo preferido, aunque no lo reconozca así, y tenía muchas expectativas
puestas en él. Ella piensa que el padrastro es el responsable de que la víctima
buscara la calle en muchas ocasiones, porque no lo acogió bien como padre. Pasó por
un período de depresión que le duró dos años. Salió de su depresión pensando en
sus otros hijos y decidió buscar un trabajo formal, lo que ha producido un gran
cambio en su vida y en la vida de sus hijos. Sufrió una parálisis facial, lo cual es
común en situaciones de mucho “estrés”.
La señora Margarita Urbina también nació y se crió en la calle. Dice que Julio
Roberto Caal Sandoval, su nieto, no se llevaba bien con su mamá y su padrastro,
razón por la cual se fue a vivir con ella. Con orgullo dice que Julio Roberto traía su
dinero para comprarle la comida a ella. Siente la pérdida de Julio Roberto muy
profundamente. Es una persona que, a sus 64 años, jamás ha visitado a un médico.
Los síntomas que presenta se relacionan con sus condiciones de vida, con el evento
de la muerte de Julio Roberto y con la preocupación por su edad. Necesita atención
médica.
La señora Reyna Dalila Villagrán Morales es una persona muy positiva. Es muy
sociable, de una personalidad muy íntegra y principios muy sólidos. Reyna Dalila
cuidó de Anstraun Aman, su hermano, cuando su madre salía a trabajar para
alimentar a los niños. De alguna manera tuvo el papel de mamá con respecto a
Anstraun Aman. En este momento está muy preocupada por la salud de su mamá.
Apoya a su madre y eso le ayuda a ella, de alguna manera, a cubrir o canalizar sus
propias preocupaciones o su propio sufrimiento emocional con respecto a la muerte
del hermano.
La señora Marta Isabel Túnchez nunca ha ido a la escuela. Tiene una autoestima
muy baja. Ha sufrido mucho en su vida y tenía puesta su esperanza en su hijo,
Federico Clemente. La reacción de Marta con respecto a la muerte de su hijo es muy
interesante. Dice que el que más sufrió la muerte de su hijo fue el esposo, que era
alcohólico y murió posiblemente por una mezcla entre infarto y abuso de alcohol.
Ella creó la fantasía de que Federico Clemente la acompaña y que la va a ayudar de
alguna manera, para seguir adelante. Siente que en su corta vida él se preocupaba
por su salud y bienestar. En relación con algún impacto o síntoma físico que se
pueda relacionar con el asesinato de su hijo, ella dice que se le subió la presión de la
sangre y que tuvo un “mini-derrame”, que le dejó la cara un poco desviada. Pero lo
más importante fue la depresión que siguió y el conflicto que se produjo en la
familia, porque según ella su hija se alejó después que murió Federico Clemente.
Otros miembros de cada familia nuclear sufrieron daños como resultado de los
sucesos. Aunque la perito no los conoció, por comentarios de las entrevistadas y
elaboraciones propias, se puede afirmar que los hermanos de las víctimas fueron
profundamente afectados. Sería importante para las familias que las medidas de
reparación en el caso les permitieran implementar sus deseos sobre un velorio y
sepultura adecuados para los restos de sus familiares, como una especie de
terminación del proceso de duelo o, por lo menos, un paso adelante en la
reconciliación con la idea de que estos niños han muerto.
Estas familias necesitan asistencia psicológica que les ayude a procesar todos esos
eventos. La consecuencia de no recibirla es que este trauma quede como
“enquistado” y genere síntomas o mayor depresión en el futuro. Todas necesitan,
asimismo, asistencia médica y financiera para lograr condiciones de vida mínimas.