10 manos. Otro día, al ver las señales de que lo habían flagelado con algo cortante, probablemente con un alambre, emitió un gemido de dolor y por ello devolvieron a José Carlos a su celda, y a la testigo le dijeron: “usted se contiene o no ve más a su hijo”. El último día que vio a su hijo éste le indicó por señas que acudiera a la Cruz Roja a solicitar ayuda. El 2 de febrero de 1972 fue la última vez que vio a José Carlos. Las autoridades le dieron diversas versiones sobre lo sucedido a la víctima. Su hijo desapareció junto a dos personas, Carlos López Adrián y el señor Toledo Rosado. Hasta el día de la audiencia pública ante la Corte son las tres personas que están desaparecidas y son las tres personas que, según Guillermo Elio, Subsecretario del Ministerio del Interior para la época de los hechos, fueron puestas en libertad mediante un radiograma. En la búsqueda de su hijo se entrevistó con distintos funcionarios estatales: Guillermo Elio, Subsecretario del Ministerio del Interior; Elías Moreno, jefe de la cárcel El Pari; Justo Sarmiento Alanés; Percy González; Oscar Menachohaca, y Ernesto Moránt Ligerón, jefe este último de la Dirección de Orden Político (DOP). Cada uno le dio una versión diferente sobre los desaparecidos: que los habían puesto en libertad, que los llevaron a Montero, que los llevaron en avión al Paraguay, que no se preocupara porque todo estaba solucionado. El jefe de la Dirección de Orden Político, Ernesto Moránt, le mostró el memorándum de Guillermo Elio, Subsecretario del Ministerio del Interior, y le dijo que habían puesto en libertad a José Carlos. Estaba angustiada y desconcertada porque no sabía qué iba a pasar, tampoco tenía información sobre las razones por las cuales habían detenido a José Carlos; nadie le dio una respuesta y esa es la respuesta que quiere encontrar. Además de entrevistarse con distintas autoridades estatales, denunció en la prensa los hechos de la desaparición de José Carlos y los otros dos jóvenes. Fue a todos los centros carcelarios que había en ese entonces, a la Dirección de Orden Político de La Paz, y fue con su esposo hasta un retén que había de la marina en el Lago Titicaca. No interpuso el recurso de hábeas corpus porque algunos abogados le aconsejaron que no lo hiciera; ningún hábeas corpus fue procedente en esa época. Además, el padre de José Carlos que vivía en París hizo denuncias a nivel internacional. Ni un solo día durante estos últimos 30 años de su vida ha dejado de buscar a su hijo, de pedir justicia y de procurar establecer la verdad sobre los hechos. La testigo fue despedida de su trabajo en una Cátedra en el Instituto Normal Superior, con ocasión de las gestiones que realizó tendientes a encontrar a su hijo, por lo que tuvo que aceptar otro cargo de menor jerarquía, lo cual le causó una reducción en la pensión. Los catedráticos de la Escuela Normal tenían y tienen categoría de jefes de distritos. Actualmente un maestro de la Escuela Normal se jubila con tres mil bolivianos, que equivalen aproximadamente a quinientos dólares, y un maestro de base percibe una jubilación de ciento cincuenta dólares. Su capacidad laboral no disminuyó por lo sucedido a su hijo. Su esposo, Walter, siempre estuvo a su lado en la búsqueda de la víctima y expresó en sus murales y pinturas lo sucedido a José Carlos. En el gobierno de García Meza su esposo fue detenido y golpeado por las autoridades. Su familia vivía sumamente controlada por los agentes gubernamentales. Lo sucedido a José Carlos cambió su vida. Se involucró en la defensa de los derechos humanos, fue fundadora de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, fue representante de derechos humanos y de la Unión de Mujeres de Bolivia ante el Comité de Defensa de la Democracia, CONADE. El día del golpe de García Meza se encontraba en el CONADE y fue detenida junto con las personas que ahí se

Seleccionar párrafo de destino3