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correccional como “un salvaje”.
El 11 de febrero de 2000 prendió el televisor antes de irse a trabajar y lo primero
que vio fue el incendio del Instituto. Se fue directamente ahí, donde le dijeron que
su hijo estaba en el Instituto del Quemado.
Cuando llegó al Instituto del Quemado ninguna madre había entrado, pero ella entró
camuflada porque estaba vestida de blanco y nadie sabía que era la madre de Sergio
David. En una de las piezas había varios muchachos y en otra sala más pequeña
había como seis jóvenes y entre ellos estaba su hijo. Su hijo no tenía oxígeno, “no
tenía nada […], estaba pidiendo auxilios de dolor”, al igual que todos los demás. Los
“muchachos estaban devolviendo carbón” y todos pedían agua. Pensó que su hijo se
había quemado todos los dientes, por lo que le revisó la boca. Estaba todo negro,
por lo que lo limpió. Nadie le preguntó quién era ella porque pensaban que era una
voluntaria. Preguntó a un médico cómo estaba su hijo pero nadie le contestaba nada.
Ella empezó a hablar con todos los muchachos o ellos le hablaban.
Sergio David estuvo consciente, hasta las últimas horas antes de morir, por lo que
pudo conversar con él. Un guardia entró al cuarto donde estaban los heridos y uno
de los internos le dijo: “Andáte de acá, ¿qué querés ya? ¿O querés matarnos [a]
todos aquí? Allá no pudiste y quieren matarnos aquí”. Ella le dijo en guaraní al
muchacho que él no tenía la culpa y preguntó porqué lo trataban así. Su hijo y los
otros seis muchachos que estaban ahí conscientes le contaron que el incendio fue
ocasionado por un guardia carcelario que derramó algo y luego se prendió el fuego.
También le contaron que habían pedido auxilio para que les abrieran la reja, y que,
mientras tanto, los guardias les decían: “¡cállense, dejen de gritar porque les vamos
a disparar!” Su hijo le comentó que los internos no tenían agua adentro, que habían
cerrado el paso del agua.
Sergio David falleció dos días después del incendio. Cuando su hijo murió, ella lo
recogió y lo enterró. El ataúd fue llevado por un cuñado suyo que es funcionario de
Justicia y Trabajo y el resto fue pagado por su familia.
Desde el momento que su hijo fue al Instituto ella perdió a toda su familia, ya que
Sergio David necesitaba atención; ya no habían amigos ni amistades porque la
dedicación entera era para Sergio. Todos en la familia quedaron mal, ya que lloran
desde la detención de su hijo hasta hoy. Hasta hoy no pueden recuperar todo lo que
perdieron con Sergio desde su detención hasta su muerte; por ello, no pueden
contratar a un profesional para que trate a sus demás hijos ni puede enviarlos a la
universidad.
El Instituto era un lugar no muy grande y en él había más de 600 “chicos”. La
comida era “incomible”. Por eso la testigo llevaba comida y dinero a su hijo para que
se lo diera al guardia y así el trato fuera “un poquito más leve”. El Instituto no era
un correccional; era un lugar donde parecía que se retenían a los internos como
“animales”. La celda era de aproximadamente dos metros para más de 30 niños.
Los internos estaban encerrados todo el día y sólo salían a desayunar, comer y
cenar. Cuando iba al Instituto, los visitantes eran registrados y desvestidos para ver
lo que llevaban. Los días que iba a visitarle, siempre le decían que había sido
castigado, que no se llevaba bien con el guardia o que iba a la sala de castigo.
Respecto de los castigos, su hijo le decía que había “veces que el más bueno [lo
hacía] saltar; el que e[ra] más fuerte [lo] pon[ía] de patas para abajo por unas