9. El señor Vélez Loor señala que los demás detenidos en La Palma fueron deportados en un
barco hacia Colombia quedando solamente él con la espalda lastimada. El 18 de diciembre del
2002 el señor Vélez Loor fue transferido, por vía terrestre, a la Cárcel La Joyita, pabellón 6, de
la ciudad de Panamá, donde permaneció casi seis meses, hasta el 1 de junio de 2003. Luego
de hacer otra huelga de hambre le enviaron al pabellón 12 de máxima seguridad donde sufrió
tortura física y sicológica hasta el 10 de septiembre del 2003, fecha en la cual fue deportado al
Ecuador.
10. Se señala en la denuncia que el señor Vélez Loor nunca tuvo acceso a comunicarse con sus
familiares o con el Consulado ecuatoriano. Afirma que solamente a través de un teléfono ilegal
en la cárcel pudo comunicarse con el consulado y solicitó que se informara de su detención a
su familia.
11. Alega el peticionario que en la Cárcel La Joyita, en febrero de 2003, enfermo de las
tremendas palizas que había recibido en La Palma, solicitó nuevamente ser atendido por un
médico y que su solicitud fue negada. El señor Vélez Loor manifiesta haberse encontrado
enfermo de úlcera y alegó que el médico tratante, un doctor José Aníbal Rodríguez torres, le
dio unos medicamentos vencidos que le hicieron vomitar y le produjeron intoxicación. En
marzo de 2003 sufrió desmayo y lo llevaron a un hospital llamado Santo Tomas y los médicos
le dijeron que debería pagar US $ 300 por los chequeos, pero como no tenía dinero tendría que
morir.
12. Alega el peticionario que el día domingo 1 de junio del 2003 inició otra huelga de hambre
solicitando asistencia médica y cosió la boca. Como respuesta, afirma, un funcionario de la
policía lo buscó y le dijo que se muriera. Fue trasladado a un pabellón de máxima seguridad y
de castigo, destinado para reos de alta peligrosidad. Fue obligado a entrar a una celda húmeda
y oscura y le indicaron que le iban a descoser la boca 'a punta de gases y garrote'. Luego le
sacaron la ropa y totalmente desnudo le tiraron al suelo y le golpearon con un garrote policial
en la espalda, las piernas y los pies. Mientras tanto le raspaban el cuero cabelludo con las
botas. Denuncia que mientras estaba boca abajo, le alzaron la cabeza derramándole gas
lacrimógeno en la cara y los ojos, no podía respirar y tuvo que forzar los hilos que tenia cosida
su boca para poder respirar. Se sintió ahogado y se descosió la boca, lo cual le produjo
sangrado. Le garroteaban en las plantas de los pies en tanto que se le encogían los tendones
de las piernas. Luego de esta larga tortura, relata que el Teniente P. le encerró, todavía
desnudo, en una pequeña celda llamada la 'discoteca' en el pabellón 12 de la Joyita, donde
utilizaban la “rotura blanca” que es una tortura que no deja huellas. Allí le tiraron el polvo del
gas lacrimógeno en su cuerpo y alrededor de la celda, los reos a este polvo lo denominan
ántrax por su terrible sofocación que produce después de haber pasado este castigo, y luego
un miembro de la guardia le propuso que se dejara practicar sexo oral con el objeto de ser
sacado de allí. El peticionario afirma que se negó a ello y que como consecuencia, el guardia
sacó un polvo blanco de una bolsa y se lo echó en la espalda, lo untó en un lápiz y se lo
introdujo en el ano. Según la denuncia, ello le ardía como fuego y enrojeció todo el cuerpo.
13. El señor Vélez Loor alega que al cabo de pocas horas le sacaron de la Discoteca y le
ingresaron en una pequeña celda oscura, fría y húmeda, donde habían cuatro reos más de alta
peligrosidad. Nadie le preguntaba nada porque estaba moribundo con la boca media cosida. Se
acostó al suelo sobre un pedazo de papel periódico y tuvo mucha fiebre. Después de 17 días
de huelga de hambre, empezó a tomar un vaso de té todas las mañas, pero su salud, afirma,
estaba quebrantada. El día 27 de julio de 2003 un compañero reo le pagó a una guardia para
que le consiguiera una sita medica durante lo cual el medico le detectó un ulcera. El informe
sobre su situación fue enviado a la Embajada Ecuatoriana en Panamá.
14. Añade el señor Vélez Loor que pese a su grave situación de salud y la falta de atención
especializada, los médicos enviaban informes falsos al Consulado Ecuatoriano en donde
manifestaban que lo estaban atendiendo. Durante la detención no tuvo acceso a un abogado y
nunca conoció las imputaciones que se le formularon ni la autoridad judicial que ordenó su
detención.
3