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dos ayudantes que actúan con una candela cada uno y un incensario. También están
presentes dos músicos que acompañan con música melancólica todo esto. Los
instrumentos que utilizan son el llamado adufe, que es un tambor consistente en una
caja cuadrada de cuero y un violín con cerdas de cola de caballo o cerdas de
maguey. Los rezos y la música se ofrecen en los cuatro puntos cardinales a los
espíritus de los antepasados y tocan junto al altar de la casa. Igualmente, salen a
rezar y tocan música para los espíritus de los antepasados en las “goteras” de la
casa, luego en el centro del patio, cuando lo hay, y finalmente vuelven al altar.
Los achí practican el “yakanik”, que es la invitación a los espíritus de los antepasados
para que estén presentes en el homenaje al difunto. Algunos de estos rezos son
sincréticos y se rezan en español, temprano en la noche. Treinta minutos después,
los ancianos, junto con el “tiniente”, rezan puramente en maya. Cerca de las 12:00
se produce otro rezo maya en el que participan el “tiniente” con sus ayudantes, que
lo conducen con candelas y música al altar, las “goteras”, el centro del patio y luego
nuevamente en el altar. A las 12:00 en punto se hace el “yakanik”, que es la
despedida a los espíritus presentes en el rezo.
Para preparar todo esto se hace una lista de familiares, amigos y conocidos que se
invitarán y se les envía una jícara con chilate, que es atole de maíz, con la que se les
invita al homenaje al difunto. Quienes están invitados deben traer flores y velas.
Quien no recibe chilate no va, pues no fue invitado. Estos ritos y costumbres deben
repetirse cumplido un año del deceso, a los siete y catorce años del mismo, en
algunos casos se observan también a los veintiún años. El entierro propiamente
dicho se produce cuando se excava a profundidad una fosa de dos metros
aproximadamente, si es tierra suave, y si es pedregoso o rocoso el suelo se
construye un pequeño panteón con piedras y rocas. Los puñados de tierra se le
ofrecen y se echan en la fosa como último recuerdo, y cuando se trata de un
pequeño panteón, lo colocan entre las piedras y rocas para cerrarlo.
Para la cultura maya es muy importante ser enterrado con todos estos ritos, ya que
el que muere vuelve a nacer y se va con sus antepasados. De lo contrario, los
espíritus deambulan perdidos, no pueden mantenerse en contacto con los vivos, con
los espíritus de los abuelos, con la gente que ha muerto antes que ellos y con las
generaciones venideras, y se obstaculiza su “vuelta a nacer”.
La acción de las autoridades tradicionales mayas se orienta a conocer, consultar y
tomar debida cuenta de las voluntades existentes entre los miembros de la
comunidad que la componen, se esfuerzan por respetar, armonizar y coordinar esas
voluntades libres acercándolas al consenso, fase desde la cual se debe proceder para
que sea legítimo el ejercicio de la autoridad.
Dentro de la tendencia igualitaria y horizontal de la organización social achí figuran,
sin embargo, siete autoridades organizadas en forma vertical. Hay tres autoridades
principales que toman las decisiones importantes de la comunidad luego de conocer
la voluntad de sus miembros. La primera autoridad es el “tiniente” invitado a
intermediar entre el corazón del cielo y el corazón de la tierra y los seres humanos
integrantes de la comunidad y actúa con los otros dos principales. Las cuatro
autoridades restantes son quienes ejecutan las decisiones tomadas por las
autoridades principales. Una de esas autoridades es el ayudante o coordinador,
Es el lugar donde baja el agua de lluvia desde las tejas hasta el corredor en la casa, en achí se
llama ub'etz'uj (camino de la gotera).
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