artículo 21 de la Convención comprende, en relación con pueblos indígenas, la
propiedad comunal de sus tierras92. Explicó entonces que:
[e]ntre l[a]s [personas] indígenas existe una tradición comunitaria sobre una forma comunal de la
propiedad colectiva de la tierra, en el sentido de que la pertenencia de ésta no se centra en un individuo
sino en el grupo y su comunidad. Los indígenas por el hecho de su propia existencia tienen derecho a
vivir libremente en sus propios territorios; la estrecha relación que los indígenas mantienen con la tierra
debe de ser reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas, su vida espiritual, su
integridad y su supervivencia económica93.
Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2001. Serie C No. 79, párr. 148). Más adelante, en relación con el
caso Yakye Axa Vs. Paraguay, la Corte explicó que es pertinente, y acorde a lo preceptuado en el artículo 29
de la Convención, una interpretación “evolutiva”, que tenga en cuenta que “los tratados de derechos
humanos son instrumentos vivos, cuya interpretación tiene que acompañar la evolución de los tiempos y las
condiciones de vida actuales”. También que, de conformidad con la Convención de Viena sobre el Derecho de
los Tratados, para interpretar un tratado no solo hay que considerar los instrumentos formalmente
relacionados con el mismo, sino el sistema en el que se inscribe. En ese sentido, es relevante el Convenio
169 de la OIT (cfr. Caso Comunidad Indígena Yakye Axa Vs. Paraguay. Fondo Reparaciones y Costas.
Sentencia 17 de junio de 2005. Serie C No. 125, párrs. 127 y 128; también jurisprudencia posterior, como la
sentencia sobre el caso Pueblo Indígena Xucuru y sus miembros Vs. Brasil (Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de febrero de 2018. Serie C No. 346, párr. 115)). El Convenio 169 de
la Organización Internacional del Trabajo es relevante, además, teniendo en cuenta que el artículo 29.b) de
la Convención Americana señala que ninguna disposición de ésta puede ser interpretada en el sentido de
“limitar el goce y ejercicio de cualquier derecho o libertad que pueda estar reconocido de acuerdo con las
leyes de cualquiera de los Estados partes o de acuerdo con otra convención en que sea parte uno de dichos
Estados”. El Convenio 169 de la OIT fue aprobado por Argentina por medio de una ley de 1992 y el Estado lo
ratificó en el año 2000 (supra párr. 54 y nota a pie de página 40). La Corte aclara que son consistentes con
el entendimiento referido las pautas o criterios jurisprudenciales de este Tribunal que se expresan en la
presente Sentencia. Por otra parte, en tanto que los hechos del presente caso abarcan un prolongado
período, este Tribunal considera útil dejar sentado que Argentina, con base en distintas disposiciones
normativas internacionales (y también internas), ha tenido obligaciones respecto de pueblos indígenas
durante todo el tiempo que cabe tener en cuenta. Antes de 1984, en 1959 y 1960, Argentina había,
respectivamente, aprobado y ratificado el Convenio 107 de la OIT (supra nota a pie de página 40), que
mandaba “reconocer el derecho de propiedad” de tierras indígenas. Por otra parte, en 1985 se sancionó la
ley nacional 23.302 (supra párr. 54), que entre sus disposiciones prevé acciones para la adjudicación en
propiedad de tierras fiscales nacionales y provinciales a comunidades indígenas y el reconocimiento de su
personería jurídica. Dicha ley fue reglamentada en 1989 por el Decreto 155 del Poder Ejecutivo Nacional
(supra párr. 54). Además, las reformas de la Constitución Nacional de 1994 y de la Constitución de Salta de
1998 reconocieron obligaciones estatales respecto a pueblos indígenas (supra párrs. 54 y 55). Antes, en
1986, Salta aprobó la Ley No. 6.373 de “Promoción de Desarrollo del Aborigen” y en 1992, por medio de la
ley provincial 6.681, adhirió a la ley nacional 23.302 (supra párr. 55). Por otra parte, es pertinente dejar
sentado que el perito Solá expresó que Argentina votó de modo afirmativo por la aprobación de las
Declaraciones de las Naciones Unidas y Americana sobre Derechos de los Pueblos Indígenas. Lo mismo,
respecto del primer texto, notó también la perita Yáñez Fuenzalida. La Corte, de modo complementario,
tendrá en cuenta esos instrumentos.
92
Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua, párrs. 148, 149 y 151.
También, en sentido equivalente: Caso Comunidad Indígena Yakye Axa Vs. Paraguay, párrs. 131 y 132;
Caso Comunidad Indígena Sawhoyamaxa Vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de
marzo de 2006, Serie C No. 146, párr. 118, y Caso del Pueblo Saramaka. Vs. Surinam. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007, Serie C No. 173, párr.
90. En el mismo sentido, pero respecto a un pueblo tribal, se pronunció la Corte, después de su sentencia
sobre el caso Awas Tingn Vs. Nicaragua, respecto al caso Comunidad Moiwana Vs. Surinam. Como surge de
la sentencia respectiva (Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia 15 de junio de
2005. Serie C No. 124, párr. 133) “la jurisprudencia de esta Corte en relación con las comunidades indígenas
y sus derechos comunales a la propiedad […] debe también aplicarse a los miembros de […] comunidad[es]
tribal[es]”. Ya antes de su decisión en el caso Awas Tingni Vs. Nicaragua la Corte había advertido la
pertinencia de considerar las costumbres de pueblos tribales, en tanto normas de eficacia en el ámbito
comunitario (cfr. Caso Aloeboetoe y otros Vs. Surinam. Reparaciones y Costas. Sentencia de 10 de
septiembre de 1993. Serie C No. 15, párr. 62).
93
Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua, párrs. 148, 149 y 151.
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