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Nacional, con algunos resultados positivos en cuanto a la integración nacional del
país, pero también se han producido tensiones entre la población indígena de esta
zona con el resto de la sociedad, particularmente porque los procesos de
incorporación vulneran algunos derechos fundamentales de estas poblaciones
indígenas, y se pone en peligro su supervivencia como grupos sociales identificados
con una personalidad colectiva y con una identidad étnica particular.
Un tema fundamental en la definición de los pueblos indígenas es la relación de éstos
con la tierra. Todos los estudios antropológicos, etnográficos, toda la documentación
que las propias poblaciones indígenas han presentado en los últimos años,
demuestran que la relación entre los pueblos indígenas y la tierra es un vínculo
esencial que da y mantiene la identidad cultural de estos pueblos. Hay que entender
la tierra no como un simple instrumento de producción agrícola, sino como una parte
del espacio geográfico y social, simbólico y religioso, con el cual se vincula la
historia y actual dinámica de estos pueblos.
La mayoría de los pueblos indígenas en América Latina son pueblos cuya esencia se
deriva de su relación con la tierra, ya sea como agricultores, como cazadores, como
recolectores, como pescadores, etc. El vínculo con la tierra es esencial para su
autoidentificación. La salud física, la salud mental y la salud social del pueblo
indígena están vinculadas con el concepto de tierra.
Tradicionalmente, las
comunidades y los pueblos indígenas de los distintos países en América Latina han
tenido un concepto comunal de la tierra y de sus recursos.
En las tierras bajas, tradicionalmente los pueblos indígenas han llevado a cabo una
agricultura de subsistencia rotativa, sobre todo en los bosques tropicales. Con
frecuencia, combinan esa agricultura de subsistencia de tipo rotativo con otras
actividades que requieren un espacio económico relativamente más amplio que una
parcela propiamente agrícola. El espacio en el cual se mueve la población indígena,
casi seminómada a veces, es un espacio colectivo. Las autoridades locales de cada
comunidad tienen mecanismos propios, usos y costumbres, derecho consuetudinario
para distribuir el acceso equitativo entre las comunidades domésticas. Según la
tecnología, la productividad, la sustentabilidad ecológica y la capacidad productiva,
esta rotación puede durar años, ya que cuando un pueblo va moviéndose ocupa
espacios antes de volver al lugar original. Esto se da mucho en las zonas bajas y es
muy distinto de las zonas altas más densamente pobladas. Las comunidades
indígenas de Nicaragua corresponden al modelo de las tierras bajas.
Hay dos conceptos de tierra colectiva: el territorio, en su generalidad, que la
comunidad considera común, pero internamente existen mecanismos para asignar
utilización y ocupación eventual a sus miembros y que no permite enajenación a
personas que no son miembros de la comunidad; y lo que son áreas exclusivas de
utilización colectiva, “commons”, que no se dividen en parcelas. Casi todas las
comunidades indígenas tienen una parte de “commons”, de uso colectivo, y luego
otra parte que puede ser dividida y asignada a familias o a unidades domésticas. Sin
embargo, se mantiene el concepto de propiedad colectiva, que cuando no está
titulada es cuestionada por otros, por el Estado mismo muchas veces. Cuando hay
problemas surge la necesidad de que existan títulos de propiedad porque la
comunidad se arriesga a perderlo todo. La historia de América Latina ha consistido
en un despojo prácticamente permanente de comunidades indígenas por intereses
externos.
Se dan presiones para que, en el interior de las comunidades, quienes tienen derecho
de usufructo u ocupación titulen esas parcelas de alguna manera; pero al reconocerla