7
20.
A los anteriormente mencionados actos y prácticas de crueldad y brutalidad extremas, de
que hemos tomado conocimiento, se agregan tantos otros que, si bien no hayan sido sometidos
a nuestro juicio, son de conocimiento público y notorio. En regímenes represivos, violaciones
graves de derechos humanos fueron ordenadas por el propio Estado18, y, "en muchos casos, el
Estado mismo sancionó leyes de manera que tales actos no fueran ilegales al momento de su
comisión", y creó "obstáculos adicionales" para la persecución de sus perpetradores19. En el
crimen de Estado, marca presencia "la intención dolosa (el dolo entendido como el grado más
grave de la culpa)"20. Esas prácticas no han ocurrido sólo en nuestra región, sino en todas partes
del mundo.
21.
En el continente europeo, por ejemplo, la era stalinista, por ejemplo, el Estado promovió,
con esmerada eficiencia, una "política explícita de ilegalidad institucionalizada", que conllevó a
cerca de 17 a 20 millones de personas asesinadas por motivos políticos, o sometidas a "las más
crueles condiciones de encarcelamiento, deportación y detención"21. En el corazón del continente
europeo, el Holocausto reveló el mal absoluto, los extremos de la maldad humana, un crimen de
Estado que constituyó una de las páginas más horrendas de la historia universal, sobre la cual
muchos evitan hablan (habiendo hoy día inclusive los llamados "revisionistas" históricos que
buscan descaracterizarla). Más recientemente, la política serbia de "limpieza étnica" incluido
"asesinatos indiscriminados de civiles desarmados, algunos de ellos tan atroces como pasar por
encima de niños con camiones; la violación masiva y sistemática de mujeres; torturas y
humillaciones; desplazamientos de poblaciones enteras; y destrucción de propiedad"22.
22.
En los crímenes de Estado hay no sólo aquiescencia, sino también planificación por parte
de las autoridades estatales, y acción ilícita por parte de múltiplos perpetradores de violaciones
graves de los derechos humanos y de sus colaboradores. En el continente africano, el genocidio
de Ruanda de 1994, al contrario de lo que algunos piensan, no fue una "guerra étnica
espontánea", sino más bien un genocidio deliberadamente incitado, un crimen de Estado, que
contó con la complicidad de un gran número de perpetradores, responsables colectiva y
conjuntamente por las atrocidades cometidas23. El aparato de exterminio montado dejó a miles y
miles de seres humanos en la más completa indefensión.
.
Para una crítica penetrante y devastadora de la así-llamada raison d'État, cf. Ernst Cassirer, El
Mito del Estado, México, Fondo de Cultura Económica, 1996 (reed.), pp. 7-352; y sobre la "criminalidad
internacional" de la guerra, cf. N. Politis, Les nouvelles tendances du Droit international, Paris, Libr.
Hachette, 1927, pp. 126-127.
18
19
.
C.S. Nino, Juicio al Mal Absoluto, Buenos Aires, Emecé Ed., 1997, p. 231.
.
G. Arangio-Ruiz, "Séptimo Informe sobre la Responsabilidad de los Estados", ONU/CDI doc.
A/CN.4/469, del 09.05.1995, p. 21, párr. 49.
20
21
.
Ibid., p. 43.
22
.
Ibid., p. 50.
.
J.E. Álvarez, "Crimes of States/Crimes of Hate: Lessons from Rwanda", 24 Yale Journal of
International Law (1999) pp. 367, 400 y 467; la incitación al genocidio provino sobre todo a través de la
Radio Televisión Libre des Mille Collines (RTLM); ibid., p. 423.
23
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