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Testimonio de la señora Suney Dinora Jauregui Jaimes, hermana de la
presunta víctima Luis Hernando Jauregui Jaimes
La testigo tenía 13 años al momento de la “desaparición” de su hermano Luis Hernando.
Vivía en Pamplona en casa de sus padres, Luis María Jauregui Jauregui y Teresa de Jesús
Jaimes Cruz, junto con sus hermanos, Juan Antonio, Carlos Alberto, Edith Stella, Nubia
Esperanza, José Francisco, Lorena del Pilar y Marcela Elizabeth.
Luis Hernando Jáuregui Jaimes tenía alrededor de 32 años al momento de su desaparición y
vivía solo en Cúcuta desde hacía alrededor de un año, cuando se separó de su esposa,
Marleny Angarita. Luis Hernando viajaba constantemente a Pamplona a la casa de sus
padres. Trabajaba “en lo que le saliera”, un tiempo en la venta de pollos, después en la
venta de cerdos y posteriormente en la comercialización de electrodomésticos que traía de
San Antonio para su posterior venta en Medellín. Luis Hernando era “el pilar de la casa”, un
ejemplo a seguir, una persona trabajadora, alegre y sin vicios. Siempre estaba pendiente
de la familia, ayudaba económicamente a pagar los gastos de la casa, los estudios de sus
hermanos y los gastos médicos de sus padres.
Después de la “desaparición” de
peleaba con su esposa, se volvió
de la referida “desaparición” y se
muy amigos. El señor Luis María
Luis Hernando su padre comenzó a beber todos los días,
irascible, abandonó el hogar alrededor de un año después
desentendió de su familia. Luis Hernando y su padre eran
Jauregui Jauregui falleció en 1996.
La madre de Luis Hernando, al tomar conocimiento de los hechos, lloraba, gritaba, le subió
mucho el nivel de azúcar y consecuentemente tuvo complicaciones y enfermedades. Luego
de los hechos se enfermó del corazón, entró en una depresión y debió ser hospitalizada, ya
que sufrió un preinfarto. Al ser abandonada por su marido debió enfrentar la situación solo
con el apoyo de su hijo Juan Antonio, ya que su marido se desentendió de la familia. La
señora Teresa de Jesús Jaimes Cruz falleció el 13 de febrero de 2002.
La testigo fue una de las últimas personas en enterarse de la “desaparición” de la presunta
víctima, a quien veía como un padre. Luis Hernando siempre estaba pendiente de las
necesidades de la testigo.
La familia entró en una tristeza absoluta, impotencia, frustración y ansiedad de esperar que
apareciera Luis Hernando. En la casa se vivía un ambiente muy tenso y nadie podía hablar
del tema porque era reavivar el dolor. Toda su familia pasó por una situación económica
difícil y piensa que, de no haberse dado los hechos del caso, ella habría podido estudiar
alguna carrera universitaria, sus padres no se habrían separado y no habrían muerto
prematuramente. Sus padres nunca pudieron aceptar lo sucedido a Luis Hernando. La
frustración por la “desaparición” de Luis Hernando fue muy grande, sobre todo por la
imposibilidad de poder hacer algo para buscarlo. La familia tenía miedo de preguntar lo
que había sucedido y no tenían recursos para pagar por ayuda.
La testigo solicita a la Corte que se haga justicia, que se sancione a todos los responsables,
que les devuelvan los restos de Luis Hernando para darle sepultura, que el nombre de su
hermano se limpie, ya que lo han querido ligar con la guerrilla, que se divulgue que él era
un comerciante honesto, una persona de bien. Cree que esto último se podría lograr a
través de un documental en el cual se relate lo sucedido, y que se divulgue a nivel
internacional.
La testigo tuvo miedo de declarar por temor de que surjan represalias contra ella o contra
su familia.