8 Con el propósito de dar con su paradero, acudió a diversas autoridades administrativas, presentó varios recursos de exhibición personal ante los tribunales competentes, habló con congresistas y realizó diligencias ante organismos internacionales. En esos momentos, recibió presión psicológica por parte de agentes del Estado y fue objeto de una campaña de difamación en su contra. Inclusive realizó huelgas de hambre, “pero nada, no logr[ó] salvar[le] la vida, fue asesinado”. Las huelgas de hambre fueron útiles para conocer la verdad de lo sucedido con él, y le produjeron importantes secuelas físicas, como una drástica pérdida de peso, daños neurológicos en uno de sus ojos, problemas en el metabolismo y en el corazón. La captura y desaparición de su esposo, así como la obstrucción y falta de administración de justicia en las gestiones internas de búsqueda de su marido le causaron un gran sufrimiento emocional, sobre todo por sus experiencias previas con víctimas de violaciones de derechos humanos en Guatemala, ya que conocía la situación de tortura a la cual él podría estar expuesto. “[E]so significa amputación de los genitales, amputación de las manos [...], quemaduras de los cigarrillos, corta[duras de] la lengua, [asfixia] con capuchín lleno de gamesán para que no empiece con convulsiones; [estar] colgado atrás por las manos y [...]estar en un hoyo bajo tierra […]; choques de electricidad era[n] muy com[unes].” En este sentido, el proceso de búsqueda le generaba sentimientos contradictorios, pues aunque mantenía la esperanza de encontrarlo con vida, también tenía la convicción de que el mantenerlo vivo en manos del ejército significaría más tortura y mayor sufrimiento para él, situación que empeoraba por las gestiones que ella realizaba. Cuando conoció que su esposo estaba muerto cayó en una profunda depresión, y tenía el sentimiento de culpabilidad de no haber hecho lo suficiente para impedir que sucediera. La posibilidad de tener una pareja y un futuro hasta la muerte natural de ambos, la posibilidad de tener hijos con éste y la posibilidad de formar un hogar terminaron con la noticia de la muerte de Efraín Bámaca Velásquez. Sin embargo, posteriormente, pudo manejar mejor el dolor y sintió que no podía abandonar la lucha por los derechos humanos y contra la impunidad. La principal secuela que sufre hoy es la de tener pesadillas sobre lo que pudo haberle sucedido a su esposo mientras estuvo detenido en manos de agentes del Estado. En relación con los familiares del señor Bámaca Velásquez, expresó que les guarda mucho cariño y que se reúne frecuentemente con ellos. Manifestó que, “cuando escuch[a] al padre[,] escuch[a] exactamente la voz de Everardo, […] tiene el mismo acento, la[s] misma[s] manera[s], las mismas expresiones”. Declaró asimismo que a las hermanas y sobrinos de su esposo les tiene mucho cariño y les brinda apoyo económico, el cual utilizan para mejorar su alimentación y reparar sus casas. Recibir una indemnización económica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es importante para contribuir a combatir la impunidad en Guatemala y también tiene un valor simbólico para compensar el sufrimiento de su esposo. Destacó su interés en entregar, una vez que se le otorgue, la integridad de dicha indemnización a los familiares del señor Bámaca Velásquez. Estima de gran importancia tener los restos mortales de su esposo, pues no desea que “quede[n] en manos [del ejército]” y además siente la necesidad de “tenerlo en [sus] brazos una vez más”. No obstante, no ha intentado buscar nuevamente el cadáver de su esposo por la falta de protección, las amenazas y el temor por su integridad y la de quienes colaboren con ella. Sin embargo, todavía considera fundamental su participación en las exhumaciones para garantizar que las autoridades no van a cometer

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