3
8.
Posteriormente, en otro caso de dimensiones tanto individual como colectiva, en
mi Voto Concurrente en el caso de las Comunidades del Jiguamiandó y del Curbaradó
(Resolución del 06.03.2003), también atinente a Colombia, me permití insistir, ante los
actos de violencia perpetrados por grupos armados irregulares de cualquier naturaleza,
en la necesidad del "reconocimiento de los efectos de la Convención Americana vis-àvis terceros (el Drittwirkung)", - propio de las obligaciones erga omnes, - "sin el cual las
obligaciones convencionales de protección se reducirían a poco más que letra muerta"
(párrs. 2-3). Y agregué que, de las circunstancias de aquel caso, - así como del
presente caso, - se desprende claramente que
"la protección de los derechos humanos determinada por la Convención
Americana, de ser eficaz, abarca no sólo las relaciones entre los individuos y el poder
público, sino también sus relaciones con terceros (grupos clandestinos, paramilitares, u
otros grupos de particulares). Ésto revela las nuevas dimensiones de la protección
internacional de los derechos humanos, así como el gran potencial de los mecanismos de
protección existentes, - como el de la Convención Americana, - accionados para proteger
colectivamente los miembros de toda una comunidad9, aunque la base de acción sea la
lesión - o la probabilidad o iminencia de lesión - a derechos individuales" (párr. 4).
9.
Como ponderé en los dos precedentes del cas d'espèce10, - y aquí lo reafirmo, ante la diversificación de las fuentes (inclusive las no-identificadas) de violaciones de
los derechos humanos, ilustrada por la alegada victimización de sucesivos miembros
del pueblo indígena kankuamo, asumen una importancia creciente el desarrollo jurídico
de las obligaciones erga omnes de protección, así como las convergencias, - en los
planos normativo, hermenéutico y operativo, - entre el Derecho Internacional de los
Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho Internacional
de los Refugiados11. El reconocimiento de la relevancia de aquellas obligaciones es
esencial para atender a las nuevas necesidades de protección de la persona humana,
sobre todo en situaciones de extrema gravedad y urgencia como la del presente caso
del Pueblo Indígena Kankuamo.
10.
En cuanto al amplio alcance de las obligaciones erga omnes de protección, en
mi Voto Concurrente en la Opinión Consultiva n. 18 de la Corte Interamericana sobre
La Condición Jurídica y los Derechos de los Migrantes Indocumentados (del
17.09.2003), me permití recordar que dichas obligaciones erga omnes, caracterizadas
por el jus cogens (del cual emanan)12 como siendo dotadas de un carácter
necesariamente objetivo, abarcan, por lo tanto, a todos los destinatarios de las normas
9
. Sugiriendo una afinidad con las class actions.
10
. Cf. mis supracitados Votos Concurrentes en los casos de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó
(2002, párr. 19) y de las Comunidades del Jiguamiandó y del Curbaradó (2003, párr. 5).
11
. A.A. Cançado Trindade, El Derecho Internacional de los Derechos Humanos en el Siglo XXI, Santiago,
Editorial Jurídica de Chile, 2001, cap. V, pp. 183-265.
12
. En este mismo Voto, me permití precisar que "por definición, todas las normas del jus cogens
generan necesariamente obligaciones erga omnes. Mientras el jus cogens es un concepto de derecho
material, las obligaciones erga omnes se refieren a la estructura de su desempeño por parte de todas las
entidades y todos los individuos obligados. A su vez, no todas las obligaciones erga omnes se refieren
necesariamente a normas del jus cogens" (párr. 80).
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