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tortillas no nos hubiera pasado eso, todo el tiempo nos hacían sentirnos culpables a nosotros, a
sentirnos responsables de lo que había ocurrido”.
95. Mariana Selvas Gómez indicó que primero la subieron a una camioneta pick-up, donde la
acostaron boca abajo. Explicó que fueron apilando a la gente y ella se “quedó hasta abajo,
motivo por el cual se le durmió el cuerpo” y no podía respirar. Como no podía mover su cuerpo
la bajaron arrastrando, la pusieron de pie y la continuaron golpeando en la parte anterior de las
rodillas y los glúteos. Señaló que fue la última en subir al camión y que la golpearon con
macanas, la patearon, empujaron, le dieron puñetazos, la insultaron y le taparon la cara con su
playera. Narró que cuando la subieron al camión “un policía la empujó de los glúteos, le metió
las manos entre las piernas y le frotó por encima del pantalón”, le pellizcó las nalgas, la vagina,
e incluso le metió sus dedos en la vagina, dejándole “tal irritación en los genitales que [le]
provocó mucha comezón y mucho ardor”. Agregó que mientras hacía esto, intentaba
desabrocharle el pantalón, pero al recibir un golpe por parte de los demás policías que seguían
golpeándola, retiró su mano. Añadió que luego la agacharon, llegó un policía por detrás, quien
mientras le pedía sus datos, comenzó a tocarle los senos por encima de su ropa, le metió las
manos entre la ropa, le rompió el brasier y le pellizcó los pezones, lastimándola. Explicó que
luego le siguieron pidiendo sus datos mientras la insultaban y que, “como era mujer, en todo el
trayecto [le] iban diciendo pinche puta, perra, asesina, pinche samaritana, revoltosa, que
ahorita te va a cargar la no sé qué […], crees que por grandota no vamos a poder abusar [de
ti]”. Asimismo, expresó que durante el trayecto “[r]ecibió amenazas de que la iban a desparecer,
que le iban a matar”.
96. Georgina Edith Rosales Gutiérrez indicó que la llevaron a una camioneta y como no podía
subir, la empujaron, le pegaron con un tolete en las manos, hombros, estómago, cabeza y
glúteos, y la tiraron boca abajo. Relató que “uno de los granaderos […] le quitó los zapatos, un
calcetín y trató de bajarle el pantalón, pero no podía y se lo rompió, dejándoselo a media
cadera”. Asimismo, escuchó que otro policía le gritaba: “¡mételes el palo para atrás a estas
perras para que se les quite!”. Añadió que alguien dijo que venían más y el policía que intentaba
desnudarla dijo que “le habían echado a perder la fiesta”. Narró que dicho policía “colocó su
mano entre sus glúteos, le apretó la vagina, la pellizcó y la lastimó, además le apretó los senos
por debajo de la blusa”, amenazándola de muerte si alzaba la cabeza. Describió que empezaron
a apilar gente encima de ella y sentía que se ahogaba mientras continuaron golpeándola con
toletes en sus piernas. Luego la bajaron, la siguieron golpeando, y la subieron a un autobús,
donde fue obligada a hincarse frente a uno de los asientos con la cabeza agachada, posición
forzada en la que viajó aproximadamente 5 horas. Una mujer policía le pidió sus datos y le dijo
“tú te vas a morir, cabrona, hija de puta, tú vas a pagar la muerte de mis compañeras”. Al bajar
le dieron “golpes con el puño cerrado y otra vez patadas con las botas en las piernas, muslos y
nalgas”.
97. Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo describió que “fue pellizcada por los policías en todo su
cuerpo” y le hicieron tocamientos en sus senos en repetidas ocasiones, lastimándola. Recordó
que al subir al camión le “jala[ron] el pantalón, [causándole] una lesión en el glúteo”, después
“nos apilan, yo quedo hasta abajo casi no podía respirar porque sentía mucha gente encima de
mí”, y comienzan a golpearlos al azar. Relató que luego la sentaron y le “jala[ron] el brasier
[dejándole] los senos al descubierto”, a lo que volvieron a pellizcárselos y mordérselos,
gritándole que “era una puta y que qué hacía ahí, y que [se] regresara a hacer tortillas”. Narró
que sintió “muchas manos tratando de meter sus dedos en su vagina, le meten los dedos dentro
de su vagina, le gritan ‘¡muchos huevos, muchos huevos, deberían de estar en su casa en la
cocina!’”, que repiten esta acción “incontables veces porque pasaban unos y lo hacían pasaban
otros y lo hacían”. Añadió que uno de los policías se dio cuenta de que iba con su pareja, ya que
ella estaba “como intentando agarrarlo o abrazarlo, entonces dijo ‘¿así te la coges cabrón’?”,
mientras le daba cachetadas. Relató que luego la dejaron “con el pantalón así”, y la pusieron en
cuclillas frente a un asiento, donde la golpearon “en la cabeza y la espalda” y que al ver su
tatuaje “se ensañaron”, diciéndole que debía ser drogadicta y golpeándola más fuerte.
Asimismo, recordó que le pusieron una mochila pesada en la espalda que “sentía que estaba