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pélvico izquierdo y que presentaba diversas equimosis; Ana María Velasco Rodríguez presentaba
dolores en la región occipital y dorsal y se concluyó que estaba “contundida”; María Patricia
Romero Hernández presentaba dolores, mialgias y artralgias e indica que había sido golpeada
por la policía municipal; María Cristina Sánchez Hernández se encontraba “policontundida”;
Norma Aidé Jiménez Osorio presentaba algunos edemas y excoriaciones; Mariana Selvas Gómez
ingresó con una “lesión a nivel de muslo derecho”; Georgina Edith Rosales Gutiérrez presentaba
lesiones y hematomas; Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo se encontraba contundida en tórax,
abdomen y extremidades, y Bárbara Italia Méndez Moreno se encontraba “policontundida,
contusión cráneo y herida PB Agresión Sexual”. No fueron aportados al expediente certificados
de ingreso de Angélica Patricia Torres Linares y Claudia Hernández Martínez.
101. Según sus declaraciones, las once mujeres víctimas del presente caso recibieron golpes e
insultos al llegar al establecimiento. En particular, Yolanda Muñoz Diosdada describió que uno
de los policías les dijo “ahora sí perros, ya llegaron a su casa, de aquí no van a salir ni en veinte
años”116. Asimismo, relató que los policías “los bajaron del camión con jalones, los aventaron, a
ellas las agarraron de los cabellos, los policías hicieron una valla, al pasar por ahí los golpearon
con patadas en el cuerpo y con el puño cerrado en la cabeza, hasta que entraron al penal”. Ana
María Velasco Rodríguez relató que “empujaron su cabeza contra la pared, les dieron patadas
en las piernas, pies y les preguntaron sus datos personales” 117. Angélica Patricia Torres Linares
describió que la bajaron de los cabellos y recibió más golpes de tolete, llegando incluso a
desmayarse por lo que la tuvieron que cargar. María Patricia Romero Hernández relató que, al
pasar por los muros a su llegada al CEPRESO, los “azotaron contra la pared”, “la agarraron de
los cabellos y golpearon su cabeza contra la pared”. Sobre su llegada al CEPRESO, María Cristina
Sánchez Hernández indicó que los “bajaron a patadas” y que les dijeron que “ya habíamos
llegado a casa, que nunca íbamos a salir de ese lugar”. Norma Aidé Jiménez relató que al llegar
al penal la empujaron y le ordenaron mantener sus manos atrás y la cabeza agachada, sin
permitirle ir al baño por casi ocho horas. Bárbara Italia Méndez Moreno indicó que escuchó
vejaciones y frases obscenas en cuanto a su cuerpo y su condición, las cuales describió como
“muy lastimantes (sic), muy lacerantes”. Mariana Selvas Gómez, Georgina Edith Rosales
Gutiérrez y Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo refirieron cómo las siguieron golpeando e
insultando, lo cual, según lo relatado por Mariana, se detuvo cuando llegaron a la sala de visitas
donde “ya no hubo golpes”.
102. En cuanto a las agresiones sexuales sufridas en el CEPRESO, Angélica Patricia Torres
Linares refirió que al ingresar los metieron en un cuarto donde les ordenaron ponerse contra la
pared con las manos en alto. Relató que un policía que se encontraba detrás de ella la detuvo
por la cintura. Agregó que “empezó a temblar cuando pasó otro que le gritó ‘que pues! ya no la
vas a seguir golpeando? chíngatela! es más, viólala!”, ante lo cual la golpearon en las costillas
y el policía “tocaba [sus] genitales y que luego metía su mano dentro de [su] pantalón y
pantaleta, sintiendo que [le] tocaba la vulva con los dedos, para posteriormente penetrar[la]”.
Aclaró que dicho episodio no fue denunciado inicialmente “pues sentía miedo y vergüenza”, por
lo cual solamente relató que la habían tocado por encima del pantalón, y que “el funcionario que
tomaba nota le dijo que eso no importaba pues no era violación”. Asimismo, Claudia Hernández
Martínez recordó que al ingresar al penal continuaron golpeándolos, los pusieron en fila y a ella
la hicieron voltear a ver cómo violaban a un compañero que estaba a su lado, diciéndole que
seguía ella. Relató que “un policía la jaló de los cabellos y la proyectó alrededor de 6 veces
contra la pared”, le pellizcó y jaló los senos, presionó su cadera contra la suya, y le “colocó un
objeto puntiagudo sobre la espalda”, amenazándola de muerte. Asimismo, intentó bajarle los
pantalones, pero se detuvo ante la orden de otro.
De manera similar, Angélica Patricia Torres Linares indicó que los “bajaron a patadas” y que les dijeron que “ya
habíamos llegado a casa, que nunca íbamos a salir de ese lugar”.
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De la misma manera, Bárbara Italia Méndez Moreno refirió que las golpeaban mientras les requerían su
información.
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