-39los heridos en tres grupos. Al primer grupo se lo llevaron en la madrugada y a los dos grupos
restantes los dejaron a la intemperie boca abajo en el piso.
Al día siguiente fue trasladada junto con otras reclusas al penal de Cachiche en Ica. Al llegar
pudo notar que no había ningún pabellón en condiciones de albergar a más de 50 prisioneras.
Fueron llevadas a celdas con camas de cemento, sin colchones ni frazadas. Durante su estadía de
un año en ese penal fue víctima de golpizas por parte de la policía. Asimismo, fue víctima del
hostigamiento directo del director del penal, quien las amenazaba constantemente y las golpeaba
cuando realizaba sus llamadas “requisas”. También se les impidió hablar con sus familiares en
privado, quienes han sufrido a raíz de esta “política de reducción, aislamiento y aniquilamiento
sistemático” de la que han sido víctimas.
El 7 de mayo de 1993 fueron trasladadas a Lima, operación que se llevó a cabo en medio de
golpizas por no aceptar el trato denigrante al que fueron sometidas. Al llegar al penal de máxima
seguridad de Chorrillos fueron bajadas del ómnibus a rastras y, posteriormente, fueron golpeadas
con palos “de la cabeza a los pies”. A partir de esa fecha no les fue permitido salir al patio,
trabajar o estudiar, y la visita fue restringida una vez al mes por locutorio y sólo por media hora.
Cuando se restableció la salida al patio, ésta sólo fue dada por media hora para cada dos celdas.
Asimismo, durante el período de 1992 a 1998 no se les permitió tener lapicero ni papel, por lo
que le fue negado el derecho de expresarse libremente. Tampoco se les permitió acceso a la
prensa por un período de 6 años, por lo que les fue abrogado su derecho a la información.
Cuando se permitió el acceso a ciertas publicaciones, éstas venían incompletas. Tampoco se
permitía el ingreso de libros de especialidad. No fue sino hasta el año 2000 que se les permitió
contar con una radio portátil.
Recobró su libertad en mayo de 2002 y actualmente estudia Derecho. Sufrió daños por haber
presenciado el genocidio político en el penal Castro Castro y el asesinato de su padre, así como
por todos los abusos y restricciones desproporcionadas a los que fue sometida. Como
consecuencia de los hechos del 6 al 9 de mayo de 1992 ha tenido problemas de la vista, serios
quebrantos auditivos y gastritis crónica hepático biliar. Igualmente, debido a la mala alimentación
y el hacinamiento en el penal, fue contagiada en el 2001 de tuberculosis por otra prisionera que
se encontraba enferma. Dentro de las consecuencias psicológicas que ha sufrido se encuentran el
insomnio, pérdida de la habilidad de recordar cosas y el trauma que representa recordar las
circunstancias en las que falleció su padre. Su familia también se ha visto afectada por este
estrés emocional, en especial su hermana Liudmila, a causa de las circunstancias en que se
produjo la pérdida de su padre. Además, a partir de 1987, su familia ha sido hostigada por
miembros del servicio de inteligencia.
Solicitó a la Corte que decrete la responsabilidad del Estado por las violaciones a sus derechos
humanos y a los de su familia, que se juzgue y sancione a los responsables del genocidio por
razones políticas, y que se otorgue a ella y a su familia plena reparación de los daños sufridos.
PERITAJES
a)
Propuesto por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos:
1.
Christopher Birkbeck, especialista en criminología
Las explosiones registradas el primer día de los hechos en el Penal Castro Castro apuntaron hacia
una acción de tipo militar que llama poderosamente la atención, dadas las características de
confinamiento y de relativa indefensión de los internos. Dos puntos ameritan especial atención:
la existencia de armas dentro del penal, y la no utilización de mecanismos alternativos al uso de
la fuerza en la ejecución del “Operativo Mudanza 1”.