-42Las secuelas de las personas examinadas son permanentes. Por una parte los recuerdos de los
hechos quedan grabados en el cerebro, y dichos recuerdos pueden ser revividos a causa de
diferentes estímulos. Muchas víctimas de tortura presentan estrés post traumático y en algunos
casos puede ser permanente. Por otra parte las personas que sobrevivieron tienen limitaciones
físicas permanentes y algunas se han agravado por la falta de tratamiento.
3.
Ana Deutsh, especialista en atención a víctimas de tortura
Realizó una evaluación psicológica y psicosocial a 13 presuntas víctimas.
Las particularidades del ataque al Penal Castro Castro permiten calificar a este episodio como de
“tortura colectiva” por los siguientes elementos: el ataque fue sorpresivo y los internos se
encontraban en estado de indefensión, pues se hallaban durmiendo; el ataque fue masivo y
agresivo y dadas las características de las armas utilizadas tenía como intención aniquilar
indiscriminadamente. Los internos permanecieron con el terror de que iban a morir. Además, se
originó un sufrimiento psicológico y emocional intenso debido a que los heridos no recibieron
atención y sus compañeros tuvieron que presenciar con impotencia esta situación. También
fueron privados de alimentos y de agua. Los ataques provenían de fuerzas de seguridad del
Estado. Estas situaciones encuadran en los elementos de la tortura, según la Convención de la
ONU contra la Tortura y Otros Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes.
El hecho de haber empezado el ataque en el pabellón donde se alojaban las mujeres presas
políticas y en donde varias de ellas estaban gestando, indicaría una selección intencional contra
las mujeres. Además, el hecho de que este ataque se haya planeado para que culminara el Día
de la Madre fue interpretado y sentido como una provocación más, como un ensañamiento contra
los familiares, especialmente sus madres, y también contra las víctimas, quienes “sufrían de
pensar en el sufrimiento de sus madres y otros familiares”.
En los días posteriores continuó la “tortura colectiva”. Los internos evaluados permanecieron en
la zona llamada “tierra de nadie” sin recibir alimentos ni agua, sin moverse, sin poder utilizar los
baños. Al volver al pabellón, algunos internos permanecieron incomunicados por cinco meses y
recibieron castigos adicionales, como el que consistía en meter hasta 20 prisioneros en un cuarto
de aproximadamente 2 metros por 2 metros, donde no podían sentarse ni acostarse, con un hoyo
en el piso como baño. Durante los días y meses posteriores los internos recibieron otros
maltratos y fueron sometidos a tortura psicológica, a través de: la prohibición de trabajar, de leer
y de ir al patio; al ser obligados a permanecer en las celdas 23 horas y media al día; y la
prohibición de recibir visitas. Todas estas medidas ponían a los prisioneros en estado de mucho
estrés, interrumpían el ritmo de vida, y se creaban estados de ansiedad y desesperación por la
impotencia de modificar o impedir o ser afectados por esas medidas.
El trato infligido a los familiares de los internos también constituye tortura, ya que fueron
víctimas de golpes, gases lacrimógenos, bombas y disparos por parte de las Fuerzas Armadas.
Fueron humillados al ser denominados familiares de “terroristas”. Tuvieron que presenciar la
destrucción de sus seres queridos, y fueron sometidos a la horrible experiencia de buscar los
cadáveres de sus familiares apilados, desmembrados, sangrando o en descomposición. También
fueron sometidos a intimidaciones en caso de denunciar o reclamar al gobierno, y durante cinco
meses se les negó información y contacto con los sobrevivientes de los hechos.
Las víctimas han sufrido una acumulación de traumas, razón por la cual el daño psicológico es
más profundo y más duradero. El diagnóstico que corresponde a semejantes experiencias es el
de “estrés post-traumático complejo”. El paso del tiempo no produjo ningún efecto sanador en