65
y con las prácticas sociales, la desarticulación del tejido comunitario y la reducción de la
cohesión comunal. Todo ello ha significado una pérdida de parte de la cultura maya que aún no
ha sido evaluada en su totalidad. En este sentido, la Corte destaca el impacto diferenciado que
los hechos de violencia y el desplazamiento han tenido en la identidad étnica y cultural de los
miembros de la aldea Chichupac y comunidades vecinas del municipio de Rabinal, lo cual los
ha colocado en una situación de especial vulnerabilidad.
198. Por otra parte, la Corte destaca la existencia de claros indicios relacionados con el
impacto diferenciado que el desplazamiento forzado y la omisión de garantizar medidas de
retorno o reasentamiento tuvo en las mujeres de la aldea Chichupac y comunidades vecinas de
Rabinal a nivel cultural, social, familiar e individual. Ellas han tenido que asumir el cargo de
sus familias y junto a sus hijos enfrentar el dolor de la violencia a la que sobrevivieron, lo cual
las colocó en una especial situación de riesgo de sufrir otras formas de violencia. Dichos
indicios, los cuales se indican a continuación, dimensionan el horror vivido y la situación
individual, familiar y colectiva de las mujeres desplazadas durante el conflicto armado interno.
199. Primero, el perito Alejandro Rodríguez Barilla identificó que “[e]n el presente caso, las
denuncias permiten inferir que un número no inferior a 18 mujeres sufrieron agresiones
sexuales y fundamentalmente violaciones sexuales masivas por parte de miembros del Ejército
y sus grupos paramilitares” y que algunas de estas fueron perpetradas contra mujeres
desplazadas y reubicadas en la “aldea modelo” La Colonia. A su vez, al menos cinco de las
mujeres señaladas por el perito fueron víctimas de violaciones sexuales que resultaron en
embarazos y en el nacimiento de sus hijos 205. Segundo, el Informe de la CEH reconoció que
“por su modus operandi, las violaciones sexuales originaron el éxodo de mujeres y la
dispersión de comunidades enteras, rompieron lazos conyugales y sociales, generaron
aislamiento social y vergüenza comunitaria, provocaron abortos y filicidios, impidieron
matrimonios y nacimientos dentro del grupo”. Asimismo, señaló que “[e]l estigma que marca a
las mujeres mayas víctimas de violación sexual provoca el horror al rechazo familiar o
comunitario. Algunas de las sobrevivientes de agresiones sexuales se desplazaron incluso a
otra comunidad precisamente para no vivir la vergüenza de estar marcadas como ‘mujer
violada’. Estas mujeres han tenido que sobrevivir al miedo de ‘ser descubiertas’ y al pánico de
que otros las culpabilicen”206.
200. Tercero, la Corte nota el testimonio de vida de la señora Juana García Depaz, quien vivió
la pérdida de los hombres de su entorno familiar, esto es, la muerte de su esposo, hermano e
hijo, la desaparición de su padre, hermano y sobrino, así como la muerte de su hija, entre
agosto de 1981 y agosto de 1986 207. Fue capturada el 22 de octubre de 1983 por las fuerzas
de seguridad del Estado, trasladada al destacamento militar de la cabecera municipal de
Rabinal, en donde fue golpeada, violada sexualmente por militares, amenazada de muerte,
colgada del cuello con un lazo e interrogada sobre la guerrilla. Posteriormente, fue trasladada a
la colonia Pacux de Rabinal, y después a la colonia de Chichupac, en donde vivió bajo un fuerte
control militar, se le obligó a trabajar para alimentar a los militares y fue violada sexualmente.
Las violaciones sexuales llevadas a cabo en octubre de 1982 y junio de 1985 resultaron en dos
embarazos de los cuales nacieron sus hijos Edgar y Sandra Maribel García (supra párr. 116).
Con posterioridad al 9 de marzo 1987, Juana García vivió el desplazamiento forzado junto a su
hija e hijo de aproximadamente 3 años y 1 año de edad, el cual se prolongó hasta la
actualidad. Al respecto, durante la audiencia pública Juana García relató a este Tribunal: “nos
quedamos sin ropa, sin nada, sin vivienda, nos quedamos como un pájaro volando […].
205
Cfr. Perito Alejandro Rodríguez Barilla (expediente de prueba, folios 11568 y 11569).
Cfr. Informe de la CEH “Guatemala, Memoria del Silencio”, Capítulo Segundo, párrs. 2353 y 2384.
207
Los nombres de los mencionados familiares de Juana García Depaz son: Mateo Grave, Adrián García Manuel, Hugo
García de Paz, Agapito Alvarado Depáz, Eusebia Grave García, José León Grave García y Efraín García de Paz (supra
párrs. 86, 99, 115 y 148)
206