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daño causado a una persona afecta a todo el tejido social26. El ser humano sufre y
muere solo, pero la suma de los sufrimientos humanos es menor cuando cada uno vive
en relación con los demás; la precariedad de la condición humana fomenta la
solidaridad, la cual torna el sufrimiento menos insoportable y une los miembros del
género humano, toda la humanidad27. La solidaridad se nutre precisamente del deseo
de disminuir el sufrimiento humano28.
17.
A la perspicacia de Duguit (quien dejó su huella en la ciencia del Derecho), sin
embargo, escapó un aspecto que considero de la mayor importancia: la dimensión
temporal. Tanto Durkheim como Duguit examinaron la "solidaridad social" en las
relaciones de los seres humanos, o sea, de los vivos; pienso que, si consideramos estas
relaciones en el tiempo, deben abarcar también los muertos, con su legado espiritual, como lo sugieren los hechos del presente caso Bámaca Velásquez. La solidaridad
asume, así, una dimensión bien más amplia, más allá de lo social: trátase de la
solidaridad humana (no sólo social), en los lazos que vinculan los vivos a sus muertos.
18.
En efecto, en mi Voto Razonado en la Sentencia de fondo de este mismo caso
Bámaca Velásquez (2000), me permití ponderar, precisamente en este sentido, que
"El respeto a la memoria de los muertos en las personas de los vivos
constituye uno de los aspectos de la solidaridad humana que vincula los vivos a
los que ya fallecieron. El respeto a los restos mortales también se debe al espíritu
que animó en vida la persona fallecida, vinculado además a las creencias de los
sobrevivientes en cuanto al destino post mortem del fallecido. No hay como negar
que la muerte de un individuo afecta directamente la vida, así como la situación
jurídica, de otros individuos, en especial sus familiares (como lo ilustra, en el
marco del derecho civil, la normativa del derecho de familia y de sucesiones).
Frente a la angustia generada por la muerte de un
ser querido, los
ritos fúnebres, con los restos mortales, buscan traer un mínimo de consuelo para
los sobrevivientes. De ahí la importancia del respeto a los restos mortales: su
ocultamiento priva a los familiares también del ritual fúnebre, que atiende a
necesidades del propio inconsciente y alimenta la esperanza en el prolongamiento
o permanencia del ser (aunque sólo en la memoria viva y en los lazos afectivos
de los sobrevivientes). El ocultamiento e irrespeto de los restos mortales del ente
querido afectan, pues, a sus familiares inmediatos en lo más íntimo de su ser.
El legado espiritual de los muertos, a su vez, configúrase, en mi
entender, como la expresión de la solidaridad de los que ya fallecieron con los
que todavía viven, para ayudar a estos últimos a enfrentar las injusticias de este
mundo, y a convivir con sus interrogantes y misterios (como los del pasar del
26
. Ibid., p. 24. Para L. Duguit, con el desarrollo de la conciencia el ser humano pasa a concebirse como
solidario, y a comprender, por un lado, que al promover la solidaridad uno se beneficia a sí mismo y a todos;
y, por otro lado, que al violar una regla de conducta uno la viola no sólo en relación consigo mismo, sino en
relación con todos, y que un atentado contra la justicia es un atentado contra sí mismo y contra todos. Según
él, el egoísmo no es otra cosa que la "noción imperfecta de la solidaridad social", o simplemente la ignorancia
(ibid., p. 103)
27
. Ibid., pp. 31 y 40. Las diferentes necesidades de cada uno se satisfacen en el seno del medio social
solidario, y la busca de una sociedad más igualitaria es fomentada por la solidaridad (ibid., pp. 44-47).
28
. Ibid., pp. 49-51.