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El lunes y el martes siguieron la grabación del video. Durante las grabaciones
siempre hubo problemas, por lo que ella continuó recibiendo amenazas y presiones,
ya que no se acordaba del texto y se veía siempre muy nerviosa y poco natural. El
miércoles, luego de finalizar la grabación del video, la sacaron a hacer una llamada
telefónica. La obligaron a cambiarse de ropa y la introdujeron en un “pick up”. La
llevaron a un lugar en la zona 7 y allí se comunicó con su papá, a quien le dijo que
ya iba a regresar y que no se preocupara. De regreso la introdujeron de nuevo al
vehículo violentamente, le colocaron la cabeza entre las piernas del hombre que iba
a su lado y partieron a gran velocidad. Fue uno de los momentos más fuertes
porque ella sintió que la iban a matar.
El día jueves le dijeron que la iban a soltar, pero que debía comprometerse a no salir
del país y que no debía decir nunca lo que le había pasado, porque de lo contrario la
iban a matar a ella o a algún miembro de su familia. Le dijeron que tenía que ir a
pedir la amnistía y que estando ahí, llamara al Ministro de Defensa para pedir que la
protegiera.
Finalmente, después de ocho días en cautiverio, la sacaron de la habitación, la
llevaron a un vehículo, le regresaron los treinta centavos, las llaves y el reloj que le
habían quitado y la dejaron cerca del Ministerio Público. Antes de que abandonara el
vehículo le reiteraron “[n]i se te ocurra escaparte porque aquí está vigilada toda el
área, y tú, como que yo, te tenés que ir a hacer lo que hemos acordado”. Al llegar al
edificio del Ministerio Público pidió hablar con el Procurador de la Nación, Acisclo
Valladares Molina, quien bajó casi inmediatamente a recibirla con una actitud
“demasiado especial”. Ella le dijo que quería tramitar la amnistía, comunicarse con
el Ministro de Defensa y comunicarse con su familia. Seguidamente, realizaron las
llamadas respectivas y se dirigieron a la torre de tribunales a firmar el acta de
amnistía. Llegaron al despacho de la jueza e inmediatamente después firmó el acta
de amnistía. Observó que el acta no tenía la hora en que la firmó, sino que tenía
una o dos horas antes de que ella apareciera, lo que le pareció extraño. Ni la jueza
ni el señor Acisclo Valladares le preguntaron sobre su situación o sobre lo que le
había pasado. Después regresó al Ministerio Público y ahí se encontró con su familia.
Se quedó por ocho días en el Arzobispado mientras se tramitó su salida del país.
Finalmente, logró trasladarse a los Estados Unidos. Hasta hoy día, sigue teniendo
miedo.
b.
Testimonio de Edmundo Urrutia Castellanos, padre de la
presunta víctima20
Durante el tiempo en que su hija estuvo secuestrada recibió cuatro llamadas de ésta.
El secuestro de su hija rompió el equilibrio normal de la familia. No se bañaban, no
se cambiaban de ropa y no dormían.
El secuestro de su hija afectó muy
particularmente a su nieto Sebastián, a pesar de su corta edad. Asimismo, él siente
que envejeció diez años por la angustia de no saber qué trato estaban dando a su
hija y pensar que la podían matar. Su hija Carolina también se vio afectada por el
secuestro de Maritza, por lo que Carolina y sus hijos tuvieron que recurrir a un
tratamiento psiquiátrico.
20
Rindió declaración testimonial sobre las llamadas realizadas por Maritza Urrutia desde su
detención así como sobre otros antecedentes relacionados con el caso.
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