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Su hermano Benjamín tenía 20 años de edad cuando murió durante los hechos
ocurridos el 27 de noviembre de 1992 en el Retén de Catia. Benjamín estuvo recluido
dos años en dicho centro penitenciario, aunque nunca tuvieron certeza sobre cuál fue
el motivo de su detención. Para visitarlo tenían que hacer una cola desde la
madrugada y luego pasar la requisa, la cual era verdaderamente terrible, se entraba
en una habitación muy pequeña, ahí estaba una mujer que ordenaba quitarse la ropa,
agacharse y pujar.
Benjamín estaba en el pabellón 2. Allí había muchos internos, aproximadamente
quince personas en un cuarto muy pequeño. El único baño estaba en la misma celda.
Su hermano fue golpeado varias veces durante la detención, también recibió
“perdigonzazos”, y la herida se le infectó, ya que no dejaban que sus familiares le
llevaran medicamentos. En el retén no había médicos ni nada. Benjamín también tuvo
una infección intestinal durante la detención y no recibió atención médica.
Se enteró por unos vecinos que su hermano estaba muerto. Los internos que se
salvaron, como ya los conocían, empezaron a gritarles “búsquenlo en la morgue”.
e)
Declaración de Inocenta del Valle Marín, madre de Edgar José Peña
Marín
Su hijo Edgar tenía 22 años cuando lo asesinaron, su causa estaba en investigación.
Cuando la testigo iba a visitarlo recibía un trato muy malo. Era completamente
revisada, le ordenaban quitarse la ropa interior, pujar y brincar.
Las condiciones en que vivía su hijo en el Retén de Catia “eran espantosas”. El lugar
olía a defecaciones y orines, a aguas negras. Los muchachos detenidos no tenían luz,
por lo que ellos mismos hacían la instalación de electricidad. Su hijo estaba en una sala
de observación. Allí tenían “como ciento y pico de hombres” durmiendo juntos “como
sardina en lata” y no tenían baños. A veces la testigo llevaba comida a su hijo cada
ocho días, porque la comida del retén era muy mala. Durante su detención, su hijo
sufrió de amibiasis pero no recibió atención médica. Los familiares tenían que llevar
cosas para que los internos pudiesen curarse.
Luego de enterarse de lo sucedido en el retén, la testigo se dirigió inmediatamente al
lugar. Ahí se le informó que aquellos que querían averiguar el paradero de sus
familiares se debían dirigir a un hospital o a la morgue. La testigo no consiguió a su
hijo ni en el hospital ni en la morgue. El miércoles 1 de diciembre de 1992 fue de visita
al retén, intentó llevarle comida a su hijo y todo lo que necesitaba. Uno de los
compañeros de su hijo la recibió y le dijo que le habían dado un tiro en la cabeza y que
supuestamente se lo había dado un funcionario que trabajaba allí.
Con la asistencia de COFAVIC, acudió a la Fiscalía. Allí tenían una lista de
desaparecidos, pero su hijo no aparecía en ella. Luego la llamaron para decirle que lo
habían enterrado en el cementerio de Los Teques, donde lo ha visitado para llevarle
flores. Sin embargo y a pesar de todas las diligencias que han realizado, no sabe si
realmente está allí o si se lo llevó el río Guaire. Su vida cambio desde que mataron a
su hijo, ha sido un dolor muy grande. No lo llegó a ver, ni siquiera para darle un último
adiós.
f)
Declaración de Douglas Rafael Liscano Urbina, ex interno
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