17
Actualmente el testigo no hace nada “porque las tierras para cultivar quedan muy
lejos y est[á] incapacitado para trabajar y desde entonces [sus] hijos son los que
[le] ayudan. Estos hechos fueron un descontrol muy grande, porque [él] viv[ía] de
lo que tenía, sus animales, las cosechas, después fue de fracaso en fracaso […]”.
El testigo manifestó que su esposa estuvo bastante triste porque “[su] hijo era el
que veía por la casa, era muy obediente, era muy pendiente de la casa, era el único
hijo que [los] amparaba, […] el que estaba constantemente[. E]se hijo era el
sustento y la esperanza de [su] casa”.
Hace aproximadamente cinco años el señor Meza Acosta ha “vuelto a tener ánimos
de que se castigue a los responsables; que esto no quede impune. Piens[a] que
toda injusticia debe ser castigada”.
b) Leovigilda Villalba Sánchez, esposa de Santiago Manuel González
López
La señora Villalba Sánchez vivía con su esposo e hijos en Pueblo Bello para la época
en que ocurrieron los hechos. Su esposo tenía ganado y una tienda de abarrotes;
además, compraba y vendía granos. El día que ocurrieron los hechos “[su] esposo
estaba dormido en la sala y entonces empezaron a golpear la puerta hasta tirarla al
piso[. E]ntraron tres hombres armados con armas largas, dos estaban vestidos de
militar y uno de civil. En ese momento se volvieron y le dijeron a [su] esposo que
tenía que ir con ellos[. La testigo] sali[ó] a la calle y vi[ó] cómo lo tiraron al piso y lo
amarraron con las manos hacia atrás y vi[ó] otras personas que también estaban en
el piso. […] Los hombres armados se llevaron a [su] esposo y [le] dijeron [a la
testigo] que entrara a la casa.”
La testigo manifestó que “nadie se imaginó que [los paramilitares] iban a entrar al
pueblo porque [se] sentí[an] protegid[os] con el retén del ejército que había. [Se
preguntaban] cómo iban a pasar esos carros con hombres armados si ahí había un
retén militar permanente donde requisaban [a todas las personas] todas las veces
que pasaba[n]”.
La señora Leovigilda Villalba Sánchez manifestó que se formó una comisión de
familiares de los desaparecidos que fue a la mañana del día siguiente de los hechos a
San Pedro y se dirigieron a la Policía “a poner una denuncia de que se habían perdido
[sus] familiares”. Después se dirigieron a las instalaciones del ejército en San Pedro,
lugar en que el teniente Rincón les dijo que “por allí no había pasado nadie, que tal
vez habían ido por otro lado y luego dijo que eso había sido la guerrilla [e] insistió
que nunca se había levantado el retén”. Sin embargo, la testigo consideró que el
Estado “es responsable porque dejaron pasar los camiones cuando entraron y
cuando salieron”.
El 16 de enero de 1990 los familiares de los supuestos desaparecidos que formaron
la comisión de búsqueda tomaron la alcaldía de Turbo. Cuando estaban allí llegó
ASFADDES y los apoyó en todo. Luego llegó una comisión de la Procuraduría de
Bogotá. Posteriormente, se desplazaron a Carepa a hablar con el general Clavijo
quien les “aseguró que ese retén permanecía a diario. [La testigo] pregunt[ó] por
dónde pasaron los carros llenos de gente que pedían auxilio, lloraban y clamaban y
el general no [le] respondió […] y no se comprometió a hacer nada para buscar a los
desaparecidos”. Cuando regresaron de la reunión en Turbo a Pueblo Bello supo que
Seleccionar párrafo de destino3
Conectar a un párrafo
Connect to an entity
Disable highlights
Añadir a la tabla de contenidos