31 alguna para que alguien le dijera cómo reconocer el cuerpo de su hijo. A la fecha, ninguna autoridad estatal le ha dado información sobre el paradero de su hijo. La señora Moreno Cossio declaró que Belarmino, su hijo menor, tenía 9 años para la época de los hechos. Después de la supuesta desaparición de su hermano, el niño “se puso en una tristeza” y constantemente pedía que su hermano regresara. La testigo expresó que al niño “se le veía en una tristeza horrible, […] que en adelante era triste, triste”. El niño le decía que “se [le había] present[ado] Camilo, que Camilo [le] tiraba un lazo y [le] decía que se tir[ara] que no le pasa[ba] nada”. La testigo llevó a su hijo menor a un médico, quien le dijo que “no tenía nada, que eso eran locuras de él, [además de que] no hubo forma de llevarlo a un especialista [por] la situación económica, pues no ten[ían] ni seguro ni nada y lo dej[aron] así”. La testigo declaró que a los quince días de haberse dado estos acontecimientos con su hijo menor lo encontraron colgado. Inmediatamente lo llevaron al hospital, pero “no había nada más que hacer, se ahorcó […] se desnucó”. Finalmente, la señora Moreno Cossio pidió que se haga justicia y que “[l]e entreguen a [su] hijo [Camilo], así sea los restos”. e) Nancy Amparo Guerra López, hija de Carmelo Guerra Al momento de los hechos la testigo tenía 15 años de edad y vivía con su padre y la esposa de éste. Manifestó que su padre era “el único ser que [ella] tenía, […] el ser más querido”. La señora Guerra López indicó que su padre era quien llevaba “el pan de todos los días a la casa, que nunca [les] faltaba nada”. Después de que él desapareció ella dejó de estudiar y tuvo que “trabajar, […] aguantar humillaciones, frío, hambre, […] depresiones.” La testigo expresó que su vida hubiera sido diferente si su padre no hubiera desaparecido porque ella “habría terminado de estudiar, hubiera sido una mujer preparada, quizá hubiera hecho una carrera y […] quizá hoy día [su] papá estuviera comiendo de [su] mano”. Finalmente, la testigo manifestó que quiere que le “regresen [a su padre] porque al día de hoy no [sabe] dónde está”. f) José Daniel Álvarez Ruiz, hijo de José del Carmen Álvarez Blanco y sobrino de Cristóbal Arroyo Blanco El señor José Daniel Álvarez Ruiz describió “el panorama desolador” de la diligencia del reconocimiento de cadáveres llevada a cabo en el hospital de San Jerónimo de Montería. Se refirió a los cuerpos ahí ubicados como “una masa entre lodo y restos humanos [que] no se podían identificar”. El testigo indicó que a partir de 1993 se vinculó a ASFADDES. Como miembro de dicha asociación se ha mantenido al tanto del “estado de las investigaciones y [lo que ha] pasado con los restos”. Asimismo, manifestó que ha realizado solicitudes verbales y escritas para obtener información sobre el expediente del caso. El señor Álvarez Ruiz manifestó que en la exhumación realizada en agosto de 1993 se llevó a cabo durante una época de invierno, por lo que “después de quince días la diligencia terminó sin ningún resultado”. Además, declaró que se realizó una exhumación en la finca “Las Tangas”, y que después dicho lugar “no quedó

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