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la exhumación. A pesar de esto, el juez y el forense se mantuvieron firmes y el
primero dio la orden de continuar con la diligencia, señalando “que él tenía el poder y
que iba a seguir”.
La excavación continuó y lograron dar con la bolsa plástica donde se encontraba un
cuerpo. Al momento de sacar la bolsa, el Procurador General de la Nación, Acisclo
Valladares, llegó en un helicóptero, acompañado de un fotógrafo y uno o dos
soldados, gritando que detuvieran la exhumación. A raíz de esta orden, se produjo
una fuerte discusión entre el juez y el Procurador.
Entre las razones mencionadas por el Procurador General para cancelar la
exhumación estaban: que no había nadie que pudiese identificar el cuerpo; que era
necesaria la presencia de un familiar para realizar la diligencia; que no podía llevarse
a cabo en presencia de extranjeros; y que alguien de la guerrilla debía estar
presente. El Procurador trató muy mal al juez, al punto que este último decidió
obedecerle. El Procurador General dijo que la diligencia se realizaría en una fecha
posterior.
Esta diligencia no se hubiese podido llevar a cabo ni aunque se hubiesen cumplido
todos los supuestos enunciados por el Procurador General, porque su cancelación
obedeció a una “razón política”.
Al cancelarse la diligencia quienes estaban presentes fueron filmados, fotografiados y
sus nombres escritos en una lista. A su regreso al pueblo, el fotógrafo forense,
funcionario de la Procuraduría de los Derechos Humanos, informó a su jerarca lo
ocurrido.
Al regresar a la capital dos de los acompañantes de Jennifer Harbury se fueron al
aeropuerto y el otro acompañante y Harbury recibieron protección de la oficina del
Procurador de los Derechos Humanos.
e.
Testimonio de Francis Farenthall, abogada estadounidense, ex
legisladora de Texas, activista en materia de derechos civiles y
derechos de los refugiados.
En mayo 1992 Jennifer Harbury le pidió que estuviera presente en la exhumación de
un cuerpo en el cementerio de Retalhuleu, en Guatemala. Durante su viaje a
Guatemala Harbury le comentó que el cuerpo que se buscaba era el de su marido.
Con antelación a la diligencia de exhumación, sostuvieron una reunión con el señor
Ramiro de León Carpio, Procurador de los Derechos Humanos de Guatemala. Existía
cierta tensión inesperada en la reunión, lo cual quedaba demostrado por el hecho de
que la misma no se realizara en su oficina, sino en un edificio público en ciudad de
Guatemala, y que se tuvieran especiales cuidados con la seguridad, como por
ejemplo, mantener las puertas bajo llave.
Posteriormente, esa misma noche, Jennifer Harbury, James Harrington y ella
volvieron a reunirse con de León Carpio, y en esa oportunidad éste les habló sobre
detalles del viaje a Retalhuleu y les informó que un médico forense, un representante
de la Procuraduría y un fotógrafo iban a acompañarlos en la diligencia.
Al llegar al cementerio, encontró pocas personas en el lugar, entre ellas, los
excavadores y una persona que se les había unido al llegar al pueblo. Cuando
iniciaron la excavación el ambiente era tranquilo; sin embargo, posteriormente, una
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