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oficina, que no se podía realizar por la presencia de extranjeros, y que era necesario
para realizarla que alguien de la URNG estuviera presente para identificar el cadáver.
En vista de la discusión, el Procurador Nacional señaló que la exhumación no estaba
cancelada, sólo demorada por razones de seguridad y para facilitar los trámites.
Posteriormente se enteró que su marido se encontraba vivo para esos días, y que
estaba siendo sometido a torturas, información que también conocía el Procurador
Valladares. La diligencia fue cancelada por presiones del Ejército, según lo reportara
el propio de León Carpio.
Con el fin de dar tiempo para que el ambiente se tranquilizara, viajó a México donde
se entrevistó con Santiago Cabrera López, quien le explicó la práctica del Ejército
guatemalteco de apartar ciertos prisioneros y no asesinarlos inmediatamente, sino
torturarlos con el fin de “romperlos psicológicamente” y después forzarlos a trabajar
para ellos como informantes. Asimismo Cabrera le comentó que había visto a
Bámaca Velásquez con señales de tortura en dos destacamentos militares.
Regresó luego a Guatemala para proseguir con los trámites de la exhumación, para
lo cual contrató a un especialista forense de Estados Unidos de América, se reunió
con el equipo forense de Guatemala y aportó una certificación de su estado civil, en
la cual aparecía como casada. Viajó a Retalhuleu para seguir revisando los archivos,
y se enteró que tanto de León Carpio como el juez del lugar habían recibido
amenazas de muerte.
Dentro del expediente judicial encontró información sobre el levantamiento, por
parte del Juez de Paz, de un cadáver vestido con uniforme de la URNG el día 13 de
marzo de 1992 en el río Ixcucua, y le sorprendió el hecho de que el informe fuera tan
detallado y que afirmara que el cuerpo no tenía lunares y cicatrices. Esta descripción,
que no correspondía con el cuerpo de Bámaca Velásquez, la hizo dudar de la
veracidad de tal reporte.
La información contenida en el expediente del Juez de Paz era totalmente diferente
con respecto al informe de la autopsia practicada por la oficina forense en Retalhuleu
respecto del cadáver XX, pues difería la apariencia física, la edad, la altura y la causa
de la muerte. Con esa información concluyó que Bámaca Velásquez sí había sido
capturado con vida y luego trasladado a una base militar para torturarlo y obligarlo a
dar información. También se convenció de que el Ejército ideó un “fraude” para
encubrir la situación, enterrando a una persona que asesinaron cerca del río, pero
enviando a la URNG la descripción del Comandante Everardo, y que el Procurador
Nacional sabía que Bámaca Velásquez no estaba en la fosa cuando canceló la
exhumación en Retalhuleu.
En el mes de agosto de 1993 se llevó finalmente a cabo la exhumación en
Retalhuleu, en la cual estuvieron presentes Patricia Davis, el juez, el administrador
del cementerio, “gente del Departamento de Salud”, un funcionario de la
Procuraduría Nacional, miembros de prensa, el equipo forense de Guatemala, el
especialista doctor Charney, personas de las Brigadas de Paz, el perito que había
realizado la primera autopsia del cadáver en 1992 y un grupo numeroso de gente
desconocida. Un helicóptero sobrevolaba el lugar y hubo que examinar otros dos
cadáveres que estaban enterrados, debido a la cercanía de las fosas. Al encontrar el
cadáver correspondiente, le realizaron exámenes para determinar su identidad y los
médicos forenses llegaron a la conclusión de que no se trataba de Efraín Bámaca
Velásquez. Después de la exhumación, se comunicó con la Embajadora de los