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Inició un proceso bajo el amparo de la Ley de “Divulgación Libre de Información”
ante las autoridades estadounidenses, lo cual le permitió obtener documentos y
archivos con información respecto del caso.
Inició una tercera huelga de hambre el 12 de marzo de 1995, la cual se extendió por
12 días, hasta que un senador de los Estados Unidos, Robert Torricelli, le comunicó
que su esposo había sido ejecutado, después de haber estado prisionero por el
Ejército, por orden del Coronel Julio Roberto Alpírez. Después, obtuvo copia de
archivos del Departamento de Estado y de la CIA en que se decía que Bámaca
Velásquez (Comandante Everardo) había sido capturado y “estaba clandestinamente
detenido” y bajo tortura por miembros de la G-2, con el fin de “maximizar su valor
de inteligencia”. Obtuvo documentos donde se señalaba como responsable de los
abusos a Julio Alberto Soto Bilbao, Mario Ernesto Sosa Orellana y Julio Roberto
Alpírez. También consiguió una declaración de Acisclo Valladares, la cual establecía
que Bámaca Velásquez había dado información falsa al Ejército y lo había dirigido a
una emboscada, lo que había motivado su ejecución.
Dentro de los documentos que obtuvo de agencias estadounidenses se encontraba
información sobre cárceles clandestinas en Guatemala, donde utilizaban formas de
tortura para lograr que los prisioneros trabajasen como informantes para la G-2. En
dichos documentos se establecía que habían entre 340 y 360 ex combatientes de la
ORPA bajo el control del Ejército. Otro archivo contenía tres teorías sobre la suerte de
Bámaca Velásquez: que estaba enterrado bajo la base militar Las Cabañas; que un
helicóptero se lo había llevado y lo había tirado al mar y, finalmente, que lo habían
llevado a la capital, lo habían torturado por mucho tiempo, y luego lo habían
estrangulado y “cort[ado] en pedazos”.
Según su opinión, no era posible que Efraín Bámaca Velásquez se hubiera entregado
voluntariamente al Ejército, lo cual se ve reforzado por la tortura a la que fue
sometido.
Utilizó los recursos legales de Guatemala para encontrar a su marido. Su primera
acción fue interponer un recurso de exhibición personal en febrero de 1993, el cual
no presentó con anterioridad por considerar que su esposo estaba muerto. Ese
recurso no ofreció ningún resultado; sin embargo, a raíz de éste obtuvo una nota del
Presidente de la Corte Suprema de Justicia en la cual se refería a lo inadecuado de
ese recurso para realizar una eficiente investigación.
Cuando tuvo oportunidad de ver el expediente de la investigación que se
desarrollaba en Retalhuleu, vio que se trataba de un pequeño expediente, sin fotos o
evidencias de la escena del crimen y con descripciones contradictorias del cuerpo
enterrado como XX en 1992.
Debido a las gestiones realizadas por el senador estadounidense Robert Torricelli, se
nombró para el caso al fiscal especial Julio Arango. Entre las diligencias que éste
llevó a cabo estaba una entrevista a Santiago Cabrera López, así como a un miembro
de la G-2, Nery Ángel Urízar García, quien relató que el cadáver de Retalhuleu
correspondía a Cristóbal Che Pérez, joven soldado que asesinaron con el fin de
hacerlo pasar por Bámaca Velásquez. Asimismo se inició un proceso ante el fuero
militar contra varios de los militares mencionados por Cabrera, incluyendo al Coronel
Alpírez.
A raíz de una acción de jactancia interpuesta por el licenciado Valladares, las
autoridades guatemaltecas decretaron una orden de arraigo en su contra con el fin