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74.
El artículo 4.1 de la Convención estipula que “[n]adie puede ser privado de la vida
arbitrariamente”. La expresión “arbitrariamente” excluye, como es obvio, los procesos legales
aplicables en los países que aún conservan la pena de muerte. Pero, en el caso que nos ocupa, el
análisis que debe hacerse tiene que ver, más bien, con el derecho del Estado a usar la fuerza,
aunque ella implique la privación de la vida, en el mantenimiento del orden, lo cual no está en
discusión. Hay abundantes reflexiones en la filosofía y en la historia sobre cómo la muerte de
individuos en esas circunstancias no genera para el Estado ni sus oficiales responsabilidad alguna.
Sin embargo, como aparece de lo expuesto con anterioridad en esta sentencia, la alta peligrosidad
de los detenidos en el Pabellón Azul del Penal San Juan Bautista y el hecho de que estuvieren
armados, no llegan a constituir, en opinión de esta Corte, elementos suficientes para justificar el
volumen de la fuerza que se usó en éste y en los otros penales amotinados y que se entendió
como una confrontación política entre el Gobierno y los terroristas reales o presuntos de Sendero
Luminoso (supra párr. 52), lo que probablemente indujo a la demolición del Pabellón, con todas
sus consecuencias, incluida la muerte de detenidos que eventualmente hubieran terminado
rindiéndose y la clara negligencia en buscar sobrevivientes y luego en rescatar los cadáveres.
75.
Como ya lo ha dicho esta Corte en casos anteriores,
[e]stá más allá de toda duda que el Estado tiene el derecho y el deber de garantizar su
propia seguridad. Tampoco puede discutirse que toda sociedad padece por las infracciones a
su orden jurídico. Pero, por graves que puedan ser ciertas acciones y por culpables que
puedan ser los reos de determinados delitos, no cabe admitir que el poder pueda ejercerse
sin límite alguno o que el Estado pueda valerse de cualquier procedimiento para alcanzar
sus objetivos, sin sujeción al derecho o a la moral. Ninguna actividad del Estado puede
fundarse sobre el desprecio a la dignidad humana (Caso Velásquez Rodríguez, supra 63,
párr. 154 y Caso Godínez Cruz, supra 63, párr. 162).
76.
De las circunstancias que rodearon la debelación del Penal San Juan Bautista y del hecho
de que ocho años después de ocurrida no se tengan noticias del paradero de las tres personas a
que se refiere el presente caso, del reconocimiento del señor Ministro de Relaciones Exteriores en
el sentido de que las víctimas no aparecieron dentro de los sobrevivientes y de que “tres de los
[cadáveres no identificados] sin duda corresponden a esas tres personas” y del uso
desproporcionado de la fuerza, se desprende la conclusión razonable de que ellos fueron privados
arbitrariamente de su vida por las fuerzas peruanas en violación del artículo 4.1 de la Convención.
77.
Esta Corte considera que el Gobierno también infringió lo dispuesto por los artículos 7.6 y
27.2 de la Convención Americana debido a la aplicación de los Decretos Supremos 012-IN y 00686 JUS de 2 y 6 de junio de 1986, que declararon el estado de emergencia en las provincias de
Lima y de El Callao y Zona Militar Restringida en tres penales, entre ellos el de San Juan Bautista.
En efecto, si bien dichos decretos no suspendieron de manera expresa la acción o recurso de
hábeas corpus que regula el artículo 7.6 de la Convención, de hecho, el cumplimiento que se dio a
ambos decretos produjo la ineficacia del citado instrumento tutelar, y por tanto, su suspensión en
perjuicio de las presuntas víctimas. El hábeas corpus era el procedimiento idóneo para que la
autoridad judicial pudiese investigar y conocer el paradero de las tres personas a que se refiere
este caso.
78.
En la acción de hábeas corpus interpuesta por Irene Neira Alegría y Julio Zenteno
Camahualí el 16 de junio de 1986 ante el Vigésimo Primer juez de instrucción de Lima en favor de
Víctor Neira Alegría, Edgar y William Zenteno Escobar, en contra del Presidente del Comando
Conjunto de las Fuerzas Armadas y del Comandante General de la Marina, se expresó que con
motivo de la debelación del motín en el Penal San Juan Bautista en el cual estaban detenidos sus
familiares, éstos no habían aparecido, por lo que podrían estar secuestrados y, en el caso de que
hubieran muerto, que el juez exigiera a las autoridades militares que señalaran el lugar en el cual
se encontraban los cadáveres e hicieran entrega de los certificados de defunción respectivos.