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escuchar "gritos en la noche" (imaginando su esposo "quemándose o suplicando
ayuda"), que se han transformado para ella en "un estado permanente", que, - agregó, "va conmigo a mi fosa"20. De estar su esposo por tantos años desaparecido, - acrecentó,
- "tengo la necesidad de tenerlo en los brazos (...) y meterlo en su fosa (...), dejar en su
ataúd con cariño, (...) necesito tenerlo (...) en mis brazos una vez más"21.
11.
En mi Voto Razonado en el caso paradigmático de los "Niños de la Calle"
(Villagrán Morales y Otros versus Guatemala, reparaciones, 2001), subrayé la
importancia, para un tribunal internacional de derechos humanos, de tener presente la
intensidad del sufrimiento humano, e inclusive el impacto de este en todo el medio
social, en los siguientes términos:
"(...) Aunque los responsables por el orden establecido no se den cuenta,
el sufrimiento de los excluídos se proyecta ineluctablemente sobre todo el cuerpo
social. (...) El sufrimiento humano tiene una dimensión tanto personal como social.
Así, el daño causado a cada ser humano, por más humilde que sea, afecta a la
propia comunidad como un todo. (...) Las víctimas se multiplican en las personas
de los familiares inmediatos sobrevivientes, quienes, además, son forzados a
convivir con el suplicio del silencio, de la indiferencia y del olvido de los demás"
(párr. 22).
12.
El sufrimiento humano, además, se proyecta en el tiempo, como lo ha valorado la
Corte en la presente Sentencia en el caso Bámaca Velásquez, para los efectos de las
reparaciones, al tener en mente un peritaje según el cual "la desaparición forzada de una
persona ocasiona un profundo impacto psicológico en sus familiares (...). El dolor no se
pierde nunca, y a pesar del transcurso del tiempo cualquier mínima cosa que recuerde al
desaparecido (...) es suficiente para descargar de nuevo absolutamente todo el
sufrimiento previo" (párr. 21). El peritaje agregó que hay "testimonios de sobrevivientes
de otras situaciones que después de 50 años todavía recuerdan y todavía les duele lo
que pasó, o se vuelven a se les caer lágrimas de pensarlo"22.
13.
La dignidad humana encuentra expresión también en el respeto a los restos
mortales de los que ya traspasaron el límite extremo de la vida. La indiferencia en
cuanto al destino humano (y todo el simbolismo que circunda a éste) es una forma de
violar el derecho a la dignidad. Al respecto, Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986,
ha señalado con lucidez que "los dos grandes misterios - el nacimiento y la muerte - son
lo que todos los seres humanos tienen en común. Sólo el recorrido es diferente. Y cabe a
nosotros humanizarlo. (...) Si hay una palabra que define e ilustra el temor de nuestros
contemporáneos, es la intolerancia que se expresa en la humillación. Ella continúa a
amenazar todo lo que nuestra civilización ha adquirido en cinco mil años. (...) Todo ser
humano tiene el derecho a la dignidad. Violar este derecho, es humillar el ser humano.
(...) Hay que combatir la indiferencia. Ella sólo ayuda el perseguidor, el opresor, (...)
jamás la víctima"23.
20
. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública sobre Reparaciones en el Caso Bámaca Velásquez de 28-29
de Noviembre de 2001, pp. 19 y 21-22, y cf. p. 113 (circulación interna).
21
. Ibid., p. 26.
22
. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública..., op. cit. supra n. (19), p. 117.
23
. E. Wiesel, "Contre l'indifférence", in Agir pour les droits de l'homme au XXIe. siècle (ed. F. Mayor), Paris,
UNESCO, 1998, pp. 87-90.
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