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asfixia, amenazas con armas, amenazas de quemaduras en los ojos, quemaduras en las piernas,
perforaciones de la piel con agujas, administración de drogas y abusos sexuales. Admitió que al
momento de ser detenida portaba una identificación falsa, aunque diez días después se identificó
con su verdadero nombre. Declaró que a los treinta y seis días de estar detenida fue trasladada a
una instalación cercana a Tegucigalpa, donde se percató de la presencia de oficiales militares (uno
de ellos el Subteniente Marco Tulio Regalado Hernández), y vio papeles con membrete del ejército
y anillos de graduación de las Fuerzas Armadas. Esta testigo agregó que finalmente reapareció en
poder de la policía y fue puesta a la orden de los tribunales, acusada de unos veinte delitos, pero
no dejaron que su abogado presentara prueba y el juicio no se sustanció (testimonio de Inés
Consuelo Murillo).
92.
Por su parte, el Teniente Regalado Hernández manifestó que él no tenía conocimiento del
caso de Inés Consuelo Murillo, salvo lo que leyó en la prensa (testimonio de Marco Tulio Regalado
Hernández).
93.
El Gobierno manifestó que el hecho de que la testigo portara identificación falsa impidió
dar razón de su detención a sus familiares y, además, es indicativo de que no se dedicaba a
actividades lícitas, por lo que se puede deducir que no dijo toda la verdad. Añadió que lo
declarado por la testigo en cuanto a que su relación con José Gonzalo Flores Trejo fue
coincidencial, resulta increíble porque es evidente que ambos estaban en actividades no
enmarcadas dentro de la ley.
94.
El testigo José Gonzalo Flores Trejo manifestó que fue secuestrado junto con Inés Consuelo
Murillo y conducido con ella a una casa localizada presuntamente en San Pedro Sula, donde varias
veces lo introdujeron de cabeza en una pila de agua hasta casi ahogarse, lo tuvieron amarrado de
pies y manos y colgado de manera que sólo el estómago tocaba el suelo. Declaró asimismo que,
posteriormente, en un lugar donde estuvo detenido cercano a Tegucigalpa, le pusieron la capucha
(es un método mediante el cual se le coloca a la persona en la cabeza un forro fabricado con una
cámara de neumático de automóvil, lo que impide la respiración por la boca y la nariz) hasta casi
asfixiarse y le dieron choques eléctricos. Afirmó que estuvo preso en manos de militares porque
cuando le quitaron la venda para tomarle unas fotografías, vio a un oficial del ejército hondureño
y, en una oportunidad cuando lo sacaron a bañarse, vio las instalaciones de un cuartel. Además,
se escuchaba una trompeta, se oían voces de mando y sonaba un cañón (testimonio de José
Gonzalo Flores Trejo).
95.
El Gobierno arguyó que todo lo declarado por el testigo, de nacionalidad salvadoreña, era
increíble porque pretendía hacer creer al Tribunal que sus encuentros con Inés Consuelo Murillo
eran coincidencias y agregó que los dos andaban en actividades ilícitas.
96.
Virgilio Carías, quien era Presidente del Partido Socialista de Honduras, relató que fue
secuestrado el 12 de septiembre de 1981, en pleno día, cuando su automóvil fue rodeado por 12
o 13 personas que portaban pistolas, carabinas y fusiles automáticos. Declaró que fue llevado a
una cárcel clandestina, amenazado y golpeado, y que durante cuatro o cinco días estuvo sin
comer, sin tomar agua y sin poder ir al servicio sanitario. Al décimo día de estar detenido lo
inyectaron en un brazo y lo echaron amarrado en la parte de atrás de una camioneta.
Posteriormente fue colocado atravesado en el lomo de una mula, la que fue puesta a caminar por
la montaña, cerca de la frontera entre Honduras y Nicaragua, zona donde recuperó su libertad
(testimonio de Virgilio Carías).
97.
El Gobierno señaló que este testigo reconoció expresamente que su conducta es de
oposición al Gobierno de Honduras y que sus respuestas fueron imprecisas o evasivas. Como el
testigo dijo no poder identificar a sus captores, considera que su testimonio es de oídas y carece
de valor como prueba, ya que los hechos no han sido percibidos por sus propios sentidos y sólo
los conoce por dichos de otras personas.