5
Estado agregó que “como Barbados específicamente aludió en su reserva a la forma
particular de su pena capital, a saber, la horca, la pena de muerte por horca no está sujeta
a escrutinio bajo la Convención Americana en relación con Barbados”. Asimismo, el Estado
arguyó que su sistema de pena capital obligatoria también cae bajo el alcance excluyente de
su reserva, dado que las leyes sobre esta cuestión no han sido modificadas desde su
ratificación de la Convención.
15.
La Corte ha sentado criterio anteriormente en cuanto a la interpretación de reservas
a la Convención7. Primero, al interpretar las reservas la Corte debe, ante todo, aplicar un
análisis estrictamente textual. Segundo, se debe considerar debidamente el objeto y
propósito del tratado correspondiente8 que, en el caso de la Convención Americana, implica
“la protección de los derechos fundamentales de los seres humanos”9. Además, se debe
interpretar la reserva de conformidad con el artículo 29 de la Convención, según el cual no
se debe interpretar una reserva a fin de limitar el goce y el ejercicio de los derechos y
libertades reconocidos en la Convención a un mayor alcance que aquél dispuesto en la
reserva misma10.
16.
Textualmente, el primer párrafo de la reserva en cuestión específicamente refiere al
artículo 4.4 de la Convención, el cual excluye la aplicación de la pena de muerte por delitos
políticos ni comunes conexos con los políticos11. En este sentido, el Estado expresó en forma
explícita en el texto de su reserva el propósito y el alcance de ésta, declarando que “desea
hacer una reserva sobre este punto, ya que en ciertas circunstancias podría considerarse
que la traición es delito político y cae dentro de los términos del [artículo 4.4 de la
Convención]”. El segundo párrafo de la reserva se enfoca, del mismo modo, a la
preocupación especial del Estado sobre el artículo 4.5 de la Convención respecto de la
aplicación de la pena de muerte a personas menores de 16 y mayores de 70 años.
17.
La Corte ha considerado, en otras ocasiones, que una reserva a la Convención “no
reserva más de lo expresado textualmente en la misma”.12 En este caso, el texto de la
reserva no afirma, explícitamente, si la imposición de pena de muerte es obligatoria para el
delito de homicidio y tampoco expresa si la legislación de Barbados permite la imposición de
otras penas u otros métodos para llevar a cabo la pena de muerte en relación con dicho
delito. En este sentido, la Corte considera que una interpretación textual de la reserva
hecha por el Estado de Barbados al momento de su ratificación de la Convención Americana
claramente indica que el propósito de la reserva no fue excluir de la competencia de la
Corte el análisis de la naturaleza obligatoria de la pena de muerte ni su forma particular de
ejecución por medio de la horca. Por lo tanto, el Estado no puede acogerse a su reserva
para tales efectos en el presente caso.
7
Cfr. El Efecto de las Reservas sobre la Entrada en Vigencia de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (arts. 74 y 75). Opinión Consultiva OC-2/82 del 24 de septiembre de 1982. Serie A No. 2, párr. 35, y
Restricciones a la Pena de Muerte (arts. 4.2 y 4.4 Convención Americana sobre Derechos Humanos). Opinión
Consultiva OC-3/83 del 8 de septiembre de 1983. Serie A No. 3, párrs. 60/66.
8
Cfr. artículo 75 de la Convención Americana y artículo 19 de la Convención de Viena sobre la Ley de
Tratados (en el cual se indica que las reservas a un tratado deben ser compatibles con el objeto y el propósito del
tratado).
9
El Efecto de las Reservas sobre la Entrada en Vigencia de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (arts. 74 y 75), supra nota 7, párr. 29, y Restricciones a la Pena de Muerte (arts. 4.2 y 4.4 Convención
Americana sobre Derechos Humanos), supra nota 7, párr. 65.
10
Cfr. Restricciones a la Pena de Muerte (arts. 4.2 y 4.4 Convención Americana sobre Derechos Humanos),
supra nota 7, párr. 66.
11
Cfr. Restricciones a la Pena de Muerte (arts. 4.2 y 4.4 Convención Americana sobre Derechos Humanos),
supra nota 7, párr. 54.
12
Cfr. Restricciones a la Pena de Muerte (arts. 4.2 y 4.4 Convención Americana sobre Derechos Humanos),
supra nota 7, párr. 69.
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